24/04/2018. 11:00 a.m. Long Street – Cape Town.

Un humeante Rooibos tea es mi compañero perfecto para uno de los momentos más difíciles de mis días viajeros. Esta vez no quiero hablar. No puedo hablar. Rehuyo las miradas, esquivo sonrisas, mi ceño está fruncido y mi mente está perdida en la “nada”. Ya no veo presente. Siento pasado. Y momentos. Y lugares. El ritmo vibrante de Ciudad del Cabo que hace unos meses me fascinó, ahora me deja el regusto amargo del querer y no poder. No poder ya seguirlo. No me dejan.

Me “han invitado” a irme de mi casa en el mundo.

Por primera vez me he convertido en una “nadie”. Mi pasaporte europeo con el que tan fácil es viajar por medio mundo, esta vez no ha servido. No ha servido nada. Ni tampoco mi cara de buena chica. Ni el billete de 20 euros que me aconsejaron meter en el pasaporte en mi última frontera.

7 días

Ese fue el tiempo que me dieron para asimilar, buscar, preparar y despedirme de “mi casa”. Tan solo 7 días. O eso o nada. O te vas o no vuelves. Tú decides.
Y yo con mis entrañas en la garganta, la sensación de mal sueño, y la “bofetada” anímica más dolorosa de mis últimos años, decido, y decido irme. No tengo opción. O si la tengo, pero no la veo. Cape Town es mi casa, es mi lugar, es lo que soñaba fuese mi base, es mi todo.
Y ellos lo vuelven “nada”. Destrozan mis planes. Me arrebatan mi sueño. Terminan historias. Y me despiertan a la fuerza del sueño de mi vida. Y de mis meses de absoluta felicidad, plena, olvidando quién soy y de dónde, sin echar de menos, sin vacíos, sin cargas emocionales, sin nada.

Malditas fronteras que acogen, expulsan y separan.
Mundo demente. Y dementes los que apoyen esta separación irracional de una Tierra que es de todos. Dementes los que apoyen cualquier tipo de separación.

Debo recoger mis cosas. Es hora de ir al aeropuerto. Floto, esta vez no como en un hermoso sueño sino como la peor de mis pesadillas. ¡No me puedo creer que me vaya de África! Que me obliguen a volver a esa Europa que ya no siento como mi casa, o que quizá nunca lo fue. Desgarro. Siento como mis entrañas se me rompen en pedacitos. Con razón no he podido comer en los últimos días. ¡Y cómo hacerlo!

El conductor de Uber que me lleva al aeropuerto me sonríe, me habla, me pregunta, me dice. Y yo esta vez, me convierto en monosílabo. La tristeza pesa, y pesa más que mi mochila, me duele mi espalda, no puedo cargarla. Tiemblo. Llevo dos días temblando, aterida, desconcertada, desubicada. ¡Quiero gritar!

25/04/2018.11:00 a.m. Aeropuerto de Barajas (Madrid)

¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? Los últimos vestigios en forma de personas de la África que ya llevo dentro, se diluyen en un mar de gente con prisas. Me siento y me obligo a comer algo, mi autobús aún tardará horas en salir.

Por primera vez en seis meses nadie me habla mientras estoy sola en mi mesa. Nadie me sonríe. Nadie se sienta conmigo a iniciar de la nada una conversación que posiblemente acabará en amistad, en curiosidad, o al menos en sonrisas y ganas de aprehender el mundo. Es la primera vez en seis meses que me paso una hora y media sentada sin que una sola persona se dirija a mí con ganas de hablar, de conocer, de conversar. Sin hacer un nuevo amigo. Sin compartir un trocito de día con desconocidos que nunca llegan a serlo del todo en la parte del mundo en que todos son uno.

– Welcome to Spain again!

Mi mente ironiza con la terrible vuelta que nunca quise que sucediese, al menos no en este momento.

A veces el cuerpo viaja, y el alma se queda. África consiguió reunir cuerpo y alma en presente, sin futuros, sin pasados, sin historias y sin peros. Sin embargo Europa hoy solo tiene mi cuerpo. Mi alma se niega a venir y se ha quedado allá, en su casa, con Mama África…

¿Qué ha pasado?

Sudáfrica, junto con Australia y Nueva Zelanda, es uno de los países más complicados del mundo para los extranjeros en cuestión de inmigración, importando poco tu procedencia. Las leyes son absurdas, ilógicas y difíciles en estos temas,  y dicen por ejemplo que:

Una vez agotados tus 90 días permitidos como turista (que yo agoté de octubre a enero), te debes ir del país ¡hasta ahí todo es perfecto!, con un gran PERO: Si quieres regresar a Sudáfrica y que te den otros 90 días más, debes volver DESDE tu país de origen o residencia.

Resumiendo: Si pasas 90 días en Sudáfrica y luego te vas a recorrer África o el mundo durante meses o años, PERO no pasas por tu país de origen, justo antes de volver a Sudáfrica. La ley dice que NO te darán otros 90 días, te darán tan solo 7 días para que te vayas del país. Aunque a veces, si la flauta suena, y suena en el 50% de los casos, te darán otros 90 días. Se tiene que hilar demasiado fino y repasar tu pasaporte con mucho detalle y tiempo para darse cuenta de que entre tanto sello, y tanto tiempo, no has pasado por tu país.

Aunque hay varios factores que inclinan la balanza para el lado de los 90 días o para el lado de los 7:

– Si entras desde un país limítrofe con Sudáfrica van a “hilar más fino”, y aunque realmente te hayas vuelto a tu país y hayas vuelto a través de otro, puede que te den mil vueltas, y tienes posibilidades de 7.

– Si el tipo de la frontera ha tenido un mal día: Indudablemente 7

– Dicen que si les metes algo de dinero en el pasaporte pueden ser 90 (en mi caso no ha sido así)

Después de hacerte ir a tu país, les importa poco que estés tan solo una semana o un par de días en él y vuelvas a Sudáfrica, no hay tiempo mínimo ¡lo que hace totalmente ilógica la ley!

En mi caso salí de Sudáfrica en avión unos meses atrás, y tenía multitud de sellos y visados intermedios, pero pasó lo que a veces pasa. Y no solo una, pasó dos veces en las dos fronteras diferentes en las que probé suerte. Y ya no hubo una tercera. Supe que si no me iba, volvería a pasar lo mismo una y otra vez.
Y fue en ese momento cuando tomé la decisión que hoy, primer día en España, me sigue desgarrando.

¿Volveré?

Sí rotundo, y espero que muy pronto si todo va bien. Mi Sueño de Vida Libre hoy sigue más vigente que nunca. Pero no puedo volver mañana, ni tampoco la semana que viene. Pero eso, os lo cuento con detalle en mi siguiente post… 

*Aquí la carta de despedida que le escribí a mi amada Sudáfrica en enero de 2018, cuando no sabría que meses después, me “obligarían” a irme -> Mis Memorias de África: Hasta pronto Querida Sudáfrica

Sudáfrica. África. Un Sueño Viajero.

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