En estos primeros días de caos tuve que tomar muchas decisiones, decisiones que irremediablemente me llevarían a cambiar mi vida tal cual estaba…

Mi primera decisión fue escoger el neurocirujano que me operaría en Asturias, finalmente me decanté por el que tan buena impresión me dio y tan buenas referencias tenía, el Dr. Torres. Llamé para pedir cita poco después de que se confirmase que tenía que operarme, y me la dieron para el martes de la semana siguiente, así que compré mi billete de tren para el lunes (esta vez solo de ida). Fue raro, muy raro, por primera vez compraba ese billete ya no desde la ilusión de siempre, sino desde el regusto amargo de dejarlo todo, desde la sensación de no saber nada, desde la impotencia de las circunstancias que obligan y me alejaban de amigos, compañeros, y de “mi mundo” al fin y al cabo, sin tener clara una fecha de retorno, sin tener claro si habría retorno.

Ahora sí, había llegado el momento, en siete días me iba a Asturias, era el momento de decírselo a mis padres que aún no sabían nada. Llamé a casa justo después de comprar el billete, había llegado la hora de hacerlo, yo no sabía bien cómo reaccionarían, pero lo que sí sabía era que no quería que se disgustasen, no quería causarles ningún tipo de preocupación. Mi madre fue la que cogió el teléfono, recuerdo que en nuestra conversación, en ningún momento pronuncié la palabra “tumor”, le quité hierro al asunto y simplemente le dije que tenía algo en la cabeza y de ahí venían los problemas en mi pierna derecha, pero le dije que no era nada grave, que no se preocupase, que todo iría bien y que me operaría en Asturias, que ya tenía fecha cogida de visita con el neurocirujano que yo había escogido. Mi madre se lo tomó bien, con serenidad, no se alarmó en ningún momento, ¡o por lo menos esa fue la sensación que me dio!, quizá fue lo que quiso transmitirme, tiempo después me enteré que estuvo dos días durmiendo no muy bien. Pero mi padre cuando se enteró… ¡eso merecería capítulo aparte!, me llamó por la tarde, me mareó con mil preguntas, se puso nerviosísimo, y de paso ¡me puso nerviosísima a mí que tan calmada estaba!

En esos siete días antes de irme debía dejar arregladas mil cosas, papeles de mi trabajo, el tema de mi piso que no quería seguir pagando si no iba a estar no sabía por cuanto tiempo, organizar mis cosas importantes para llevarme, y por supuesto, debía despedirme de mucha gente y repartir y recibir abrazos a diestro y siniestro. Todo el mundo quería despedirse de mí y darme un último abrazo hasta no sabían cuándo, obviamente me fue imposible despedirme de todo el mundo, me quedaron muchos abrazos pendientes que tuvieron que ser virtuales y telefónicos, no hubo remedio, no había tiempo.

Creo que en esas despedidas recibí y di los abrazos más sentidos de toda mi vida, abrazos que me emocionaron hasta las lágrimas, abrazos de alma a alma con todo el sentimiento y todo el corazón. Y aprendí en ese momento, que hay abrazos que sanan, hay abrazos que acarician, hay abrazos que son vida.

Mis decisiones siguieron con un tema que muchos consideran más “banal”, pero que no lo es tanto, ¡el pelo!, sabía que me raparían, pero no sabía cuánto ni cómo, si sería todo el pelo o sería solo un trozo, en esos días  y previendo lo que podría pasar, busqué tiendas de pelucas bonitas por si acaso las llegase a necesitar, y de momento, decidí cortarme la melena ¡que con tanto sacrificio me había crecido!, debía buscar un corte bonito para sentirme cómoda mientras me crecía el pelo si solo me rapaban un trozo y no todo. Esto que parece una tontería no lo es tanto si tenemos en cuenta que yo adoraba mi melena, y que nunca jamás me atreví a hacer cambios radicales en mi pelo, sería la primera vez, ¡toda una hazaña!. Me fui a mi peluquera, le expliqué todo lo que me pasaba, se emocionó muchísimo, y entre las dos buscamos un corte que consideramos apropiado, el pelo iría más largo y echado sobre el lado que tenía el tumor, por si me tuviesen que rapar justo en esa zona, poder tapar un poquito el “rape”, y por la otra parte iría una melenita más cortita ¡la cuestión es que ambas acabamos encantadas con el resultado! y aprendí en ese instante que podemos atenuar cualquier “drama” en todos los casos con una actitud abierta al cambio. Estaba contenta, satisfecha conmigo misma y con cómo iba afrontando cada día mis pequeñas “luchas” y seguía hacia adelante con una sonrisa, sin dramas ni penas.

Esto compartí en una red social:

¡Fuera melena! Un corte asimétrico-modernito ¡para adaptarse a lo que viene! Una de las muchas decisiones que he tenido que tomar en estos días de prisas, cambios y caos…
Pero todo cambio… ¡con una sonrisa es mucho mejor!!!
¡Adaptarse a toda circunstancia, cualidad imprescindible para comerse el mundo luego!

Mariu corte melena

¡Así me corté el pelo!

Fueron sin lugar a dudas, ¡los siete días más intensos de mi vida…!

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR

¡Únete a mi Tribu!

¿Eres un Soñador/a? ¿Un Viajero/a? ¿Necesitas inspiración para vivir, viajar, soñar, cumplir?

¡Pues únete a mi Tribu! Te llegarán actualizaciones con novedades, información viajera, post inspiradores, pero nada de Spam ¡prometido! (¡lo odio tanto como tú!)

¡Bienvenido/a a la Tribu! Confírmalo en tu email.