Momentos en San José del Pacífico que hacen entendible mi amor por este lugar, hay muchos, ¡muchísimos! Y es que entre risas comentábamos en mis últimos días en aquel pequeño paraíso entre montañas, que cada día, ¡era una nueva historia! ¡Y que aún no había conocido el aburrimiento en mis días por allá!

– El Temazcal de Paco

A Paco no se le busca, Paco te encuentra si te tiene que encontrar. ¡Este pueblo es mágico al fin y al cabo! Y la gente aparece cuando tiene que aparecer, ni antes ni después. Eso lo descubrí en días posteriores a mi llegada. Así que, aunque ya me habían hablado de Paco como el más auténtico de los temazcaleros del lugar, no lo busqué ese primer día al hacerse de noche y vivir Paco en el más recóndito y perdido de los lugares. Pero el me encontró, ¡o nos encontramos en el momento justo! Un cruce de miradas mientras yo leía distraído un cartel y supe al instante que él era Paco, aunque jamás había visto una foto suya. Hablamos. Nos dijimos. Y aunque ni él ni yo lo teníamos previsto, una suma de sincronías (yo digo que álmicas) hizo que concretásemos para hacer un Temazcal el día siguiente por la mañana.

Conexión-reconexión-morir-renacer del vientre de la Madre Tierra como guerreros si superábamos el calor, la oscuridad y vencíamos todos nuestros miedos, y totalmente limpios de todo lo que sobra. Lo que viví en el Temazcal merece capítulo aparte, entre todo, destaco la pasión que le pone Paco allí dentro del temazcal, cantando, explicando, tocando el tambor, sudando, limpiando, sintiendo, no como otros que se hacen llamar “temazcaleros” y no hacen más que meter piedras desde fuera y sin sufrir como luego me enteré que tristemente sucede. Y también destaco la conexión tan especial que se creó, o al menos yo sentí entre todos los que allí estábamos. A mi lado derecho tenía a Alfredo, el jujeño con la mirada más limpia y los ojos más azules de la Tierra, que, sin yo saberlo aún, era también mi compañero de hostal. A mi izquierda tenía a Paco y su pasión. Y el resto del grupo, lo formaban Joaquín, otro argentino con el que también hubo conexión y cervezas compartidas en una de sus noches en San José, un chico genial de Bruselas de cuyo nombre ni yo ni nadie se acuerda, con el que las risas estaban garantizadas, y Timur, mi hermanito viajero ruso.

– El día sin agua

La mañana siguiente al temazcal, cuando fui a pedir agua caliente para mi ducha en aquella fría mañana, me dieron la noticia que ¡no había agua! Ni una gotita de nada. En el pueblo a menudo sufren la falta de agua ¡y este era el caso, y este era el día! Se habían quedado sin agua y rogaban porque llegase en aquella mañana. ¡La vez anterior se quedaron semana y media sin agua! ¡Horror! ¿Pero saberlo con certeza? ¡Imposible! Total, no se sabía nada, ¡nada de nada! Y mis ganas y necesidad de ducha después del temazcal del día anterior se fueron al traste.

Adaptación Viajera modo ON. Bajé a desayunar a la cocina y luego me senté a esperar que hubiese agua (si los astros se alineaban) en la que se convertiría en mi “sauna” particular de cada mañana. Un rinconcito en el pasillito de fuera de las habitaciones donde daba el sol hasta el mediodía. Y del que hice “mi lugar” preferido en mis mañanas posteriores, ¡yo y mi amor por el Sol! Y tres horas después, ¡llegó el agua! Aunque tan solo un hilito de nada. ¡Hilito que fue recibido como el mayor de los regalos! ¡Ni agua caliente ni nada! Hilito de agua helada de las montañas y caldero que el dueño del hostal me metió dentro, fueron más que suficientes para sentirme la mujer más afortunada de la Tierra y dar gracias y mil millones de gracias por aquel gran regalo. Fue una mañana muy especial, una de esas que pone a prueba tu capacidad de adaptación viajera, esa que siempre va in crescendo. Y una de esas mañanas que te enseña a valorar todo lo que siempre has tenido y, a lo mejor, no has apreciado lo suficiente. Y que te muestran que es posible vivir y sobrevivir sin “nada”, que todo es un regalo, que nada es nuestro por derecho.

San José del Pacífico Oaxaca Casa Evelyn

¡Aquí! Esta es mi “sauna” particular donde me pasaba todas las mañanas a partir del día sin agua

– Las conexiones álmicas (los hermanitos viajeros)

No sé si fue este lugar y su energía especial. No sé si fue el hecho de sentirme más que nunca como en casa. O quizá que en este lugar solo se quedan enganchadas y más de un día las personas que tenemos todo en común. La cuestión es que aquí conecté como en ningún lugar con toda la gente con la que compartí momentos, noches, risas o conversaciones. Viajeros o locales. Todos estábamos conectados en la misma sintonía y eso se notaba. De aquí me llevo grandes conexiones, grandes momentos compartidos, y grandes hermanitos viajeros que jamás podré olvidar y espero encontrar en algún lugar del mundo. Es curioso lo que unen los viajes y estar fuera de tu entorno, ¡son curiosas las “familias viajeras” que se forman a primer cruce de miradas!

– Nuestra casa

“Casa Evelyn” no solo era el lugar en el que algunos pernoctábamos, “Casa Evelyn” se convirtió en mi casa, y seguramente y en mucho, la de todos. Allí pasábamos las mañanas entre sol y conversaciones, o cada cual a lo suyo, pero juntos y cercanos. El hostel es muy pequeñito y nunca estábamos más de ocho personas en total, algunos que venían y se marchaban al poco tiempo y otros, como Alfredo y yo, que seguíamos noche a noche haciendo del lugar nuestra propia casa.

Hostal Casa Evelyn San José del Pacífico Oaxaca México

– La casa de todos

Pero en el hostal, no solo estábamos los que allí dormíamos, allí también se daban desayunos, comidas, cenas, cafés, chocolates y sobre todo, y por encima de todo, muchos de los días era el lugar de paso obligado por todos un ratito, un momento, a saludar, a comer ¡o simplemente a ver que había! Era divertido, muchísimo, acercarte a la cocina-comedor con inmejorables vistas a la montaña, y encontrarte siempre a alguien para charlar, comer en compañía, que pasaba a saludar o… ¡cada día era una nueva historia! Pero no solo en la cocina-comedor. Una mañana de charla con mis hermanitas viajeras y compañeras de habitación, llegaron en orden y sin saber muy bien de donde habían salido, dos chicos viajeros casi casi ya del pueblo por la cantidad de meses que llevaban aquí, y nos encontramos compartiendo con ellos en nuestra habitación (siempre abierta), sin saber muy bien ¡qué, quién, cómo y porqué estaban allí! “Casa Evelyn” era la casa de todos, no importaba si te quedabas a dormir o simplemente estabas de visita.

– Las comidas de “mamá” Isabel

Si durante mi primer mes de viaje fue una lucha constante y una agonía mi búsqueda de comida sin carne. Aquí en San José las comidas de nuestra “mamá” postiza en el hostal “Casa Evelyn” compensaron todos los esfuerzos realizados por poder comer en la otra parte de México. Era un placer comer allí, con todo el amor que le ponía al menú de cada día, y por supuesto ¡sin necesidad de comer carne! Lentejas, sopas de verduras, comida típica mexicana sin carne y para rematar y como sorpresa, un día en broma le pedí tortilla de patata (tenía unas ganas locas de comer algo así), ¡y me la hizo!! ¡No podíamos estar más ni mejor mimados!

– La historia de Isabel (Cihuatinemi)

El cuarto día comiendo en la cocina a solas con Isabel, esperando que llegasen los hermanitos que se habían ido al temazcal de la mañana, ella me empezó a contar su historia. Y soltó. Y lloró. Y llegaron Mai y Verity, y entre todas escuchamos, consolamos, pusimos nuestros hombros y admiramos a la mujer más guerrera y valiente de la Tierra. Ella. Nuestra querida Isabel, nuestra “mamá”, nuestra amiga, nuestra hermana… Su historia, merece capítulo aparte y especial mención ¡pronto escribo sobre ella! Y ojalá que su historia llegue a donde tenga que llegar. Esa tarde fue preciosa, fue inolvidable, no sé cuantas horas estuvimos conectadas las cuatro, hablando, riendo, soltando, llorando. Y determinando con certeza la similitud de lo que viven muchas mujeres en cualquier lugar del planeta.

– La mañana de pintura

Después de escuchar la historia de Isabel, Maialen, Verity y yo decidimos hacerle un regalo especial y hecho por nosotras mismas. En las paredes de madera de la cocina-comedor todo el mundo pintaba si quería, así que nosotras decidimos dejar nuestro pequeño granito de arena en la historia de Isabel, además de decorar unas cuantas sillas con nuestras frases personales para que este lugar nunca se olvide de nosotras. Disfrutamos muchísimo aquella mañana creativa en nuestro pequeño mundo feliz de San José y en la que ya era nuestra casa, la de todos. “Cihuatinemi” significa “Mujer Guerrera” en Naguathl según Paco Temazcalero me había dicho la noche anterior mientras debatíamos qué y como dibujar a nuestra muy querida Isabel.

Voilà! ¡Y así quedaron nuestras sillas!

– Las noches de chocolate

El chocolate artesano de aquí tiene fama, y a la taza, ¡es un placer! Creo que entre todos acabamos las existencias de chocolate de la zona, y muchas de las noches aquí nos juntábamos todos, o muchos, con tazón de chocolate, cenas, risas y lo que surgiese.

– El día a día

Había gallos que despertaban. Y gallinas. Y un gato llamado “Pecas” que era el más mimado de lugar. Y sonrisas mañaneras. Y sol. Y montañas. Y niños jugando. Y chicos pintando. Porque en San José simplemente se “estaba”, sin más pretensión, sin necesidad de nada más.

San José del Pacífico Oaxaca

– La tarde con Paco

Una mañana llegó Rodrigo, un argentino bonaerense como nuevo compañero de hostel, y después de conversar un ratito, decidimos ir a casa de Paco, yo en principio había quedado en pasarme para que me apuntase unas frases en nahuatl, y él quería preguntar por el temazcal que estaba previsto para el día siguiente. ¡Último temazcal de la temporada! Paco se iría fuera unos cuantos meses. ¿Tarde intensa? ¡Intensísima! Lo que iban a ser diez minutos se convirtieron en unas cuantas horas compartiendo, debatiendo y con grandes lecciones de sabiduría ancestral por parte de Paco, y del recuerdo de su abuelita, a la que él siempre menciona y fue la que todo le enseñó. Paco es pasión, Paco es fuego, Paco es fuerza, Paco es sabiduría ancestral, y compartir con él esa tarde, ¡todo un regalo!

– La tarde del pocker

Escuché a Rodrigo una noche hablar de que jugaba al Pocker y yo, encontré de causalidad unas cartas en la cocina de Isabel, así que… ¡voilà! Le pedí por favor que me enseñase y esa tarde fue de Pocker, risas y conversación hasta que empezó a oscurecer. ¡Una tarde genial! ¡Que luego tuvo sorpresa!

– La Noche de las estrellas

La tarde del Pocker cuando comenzaba a oscurecer nos fuimos en busca de una cerveza fría, pero estaba todo oscuro, ¡demasiado oscuro! Nos dimos cuenta de que no había luz cuando llegamos abajo y todo estaba cerrado, además de oscurísimo, ¡y tan solo un par de tiendas continuaban abiertas con una vela cada una! Por lo visto, el pueblo llevaba ya cinco horas sin luz, y nosotros ¡ni cuenta nos habíamos dado! Lo que tiene no estar pendientes de baterías ni móviles… Así que, Adaptapción Viajera nuevamente modo ON, compramos una botella grande de cerveza, tres vasos de plástico y nos vinimos al hostel a compartir cerveza y conversación con Alfredo, el jujeño de mirada limpia que ahí fuera estaba con su vela y sin esperar la cerveza que gustosamente compartimos con él. ¿Cuándo vendría la luz? ¡Eso era un misterio! Y tampoco importaba demasiado, teníamos vela, cerveza, conversación y un millón de estrellas brillantes como compañía fascinante en aquella noche genial sin nada, ¡y a la vez con todo! Aquella noche yo estaba sola en mi habitación del hostel, que daba a la calle, que era la primera que se encontraba quien subiese ¡y que no se podía cerrar ni por fuera ni por dentro! Así que sin luz, con viento que abría puertas y con colaboración de Rodrigo que me dijo que él no dormiría allí solo, cogí mis cosas importantes y me fui a dormir a su habitación, ellos tenían dos camas de sobra y una aquella noche ¡era para mí! Es que como digo, aquel hostel ¡era como nuestra casa!

– La Noche de la música

Alfredo tocaba la guitarra y el tambor, aunque también se acostaba pronto, y aunque se lo pedimos en varias ocasiones nunca nos deleitó con su arte hasta su última noche antes de irse del lugar donde en total, ¡había pasado mucho tiempo! Coincidió que la noche anterior había llegado otro argentino cordobés, artesano y músico que también cantaba y tocaba la guitarra. Y junto a él, y junto a un colombiano también recién llegado que tocaba la flauta travesera, tuvimos concierto improvisado que hizo las delicias de Isabel y mías que estábamos encantadas escuchando y disfrutando en aquella noche especial.

Noche de música en San José del Pacífico

– Las puestas de sol

Lo confieso. Soy una enamorada de las puestas de sol que, sin duda, me han parecido desde siempre uno de los momentos más mágicos del día. Y en San José las puestas de sol entre montañas ¡deslumbran!

El tiempo aquí es muy variable y no siempre se pueden ver con claridad entre niebla y nubes, pero cuando se ven ¡enamoran! Desde la taquería que hay justo antes de las las Cabañas “La Cumbre” se ven así como en la foto. ¡Imperdibles! Esta puesta de sol en concreto la compartí con Rodrigo y ambos, ¡quedamos absolutamente maravillados! ¡Como para no estarlo!

Puesta de Sol en San José del Pacífico Oaxaca México

– La no conexión

Nada. Cero. Aquí arriba es muy difícil tener conexión. Y yo en concreto, no la tuve ninguno de mis días. Tampoco había wifi en el hostal, con lo que, desconecté con gusto del mundo, y tan solo me conectaba algún día y por opción un ratito desde un café de abajo. Esto para mi, lejos de ser un problema, ¡fue mi mayor regalo! Y una de las razones por las que amo por encima de todo este lugar.

No bajar la vista al móvil hace que subas la vista al cielo, a las montañas, al sol, a las nubes, a las estrellas, a los ojos de tus hermanitos viajeros y locales sin que nada te distraiga de eso del aquí y del ahora.

– La reconexión

Desconectar del mundo virtual. No tener prisa. Estar entre montañas. Respirar. Compartir. La energía del lugar. Todo eso lleva inevitablemente a la reconexión. Esa que llevaba un mes buscando y que el frenesí viajero de las primeras semanas evitó que encontrase, hasta llegar aquí. Hasta llegar al lugar. Y hasta llegar al momento.

¿Lo peor?

– Las despedidas

Cuando estás en un lugar tan afín a ti, tan puro, tan tranquilo, sin conexión, y sin más que hacer que simplemente “estar” contigo y en ti disfrutando más que nunca de la cotidianidad de los lugares con magia, conectas más y con más fuerza con las personas que se cruzan en tu camino y con las que compartes momentos, días, noches, risas, conversación. Y les coges un cariño inmenso. Y entonces se van. ¡Porque esta es la vida del viajero! Y llega ese pequeño desgarro de verlos alejarse, esos que se habían convertido en tu “familia” aquí. Y hay sentimientos cruzados en el abrazo con todo el cariño del mundo que les das al despedirte. Por una parte la tristeza del adiós, y por la otra, la certeza de que un día en algún lugar, en algún país, te volverás a encontrar con ellos, y de que has ganado un nuevo/a amigo/a en el mundo, por todo lo vivido, por todo lo compartido. Porque nada une más que el encuentro en la ruta, lejos de todo lo conocido y del entorno habitual.

San José del Pacífico despedidas

¡Última despedida en San Jose!

Por la suma de todo, San José del Pacífico, es y será, ese lugar al que siempre querré volver. Ese lugar posicionado desde ya y con honores en el Top 5 de “mis lugares en el mundo” Ese lugar que jamás olvidaré. Ese lugar que siempre resumirá la esencia del viaje, del mío propio.

Si estás en mi misma sintonía, si te resuena lo narrado por mí. ¡Adelante! No dudes ni un momento en llegar a este pequeño pueblo de la sierra oaxaqueña, y déjate atrapar, ¡merece la pena!! Yo, sin lugar a dudas, volveré. Siempre…

 

¿Te ha gustado este post? Si la respuesta es sí, ¡compártelo!

¡GRACIAS por adelantando por ayudarme en mi proyecto de vida!

Si te ha gustado este post ¡aquí tienes más!:

Guatemala: Fascinante Chichicastenango

Tan difícil para mí fue aprenderme el nombre, como fácil maravillarme el día que al fin, pude conocerlo.
“Chichi” como se le conoce coloquialmente es un pequeño municipio del departamento de Quiché, muy conocido por su mercado…

leer más
(Visited 184 times, 95 visits today)

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

¡Únete a mi Tribu!

¿Necesitas inspiración para VIVIR, VIAJAR, SOÑAR, CUMPLIR? ¡Pues ÚNETE A MI TRIBU!

Te llegarán actualizaciones con novedades, post inspiradores, info viajera ¡y algún extra solo para ti!

¡Bienvenido/a a la Tribu! Confírmalo en tu email.