Querida “Oficina Gris”:

Hace tiempo que deseo escribirte, creo que es justo para ti y también para mí poner las cartas sobre la mesa, compartir contigo los “qués”, los “porqués”, y los “cómos” de nuestra historia fallida, y hoy por fin, en una tarde de domingo gris, recordándote, recordándome cómo era cuando estaba a tu lado, he decidido dar el paso y escribirte por fin. Irme sin dar explicaciones sería cobarde, y tú que me conoces bien ya sabes que para mí “la huida jamás fue una opción”, así que a pesar de todo lo vivido,  y quizá sobre todo por esa razón, sé que hoy te debo una explicación, y no solo eso, también deseo liberarme de todo el dolor que tú, quizá sin intención, me llegaste a infringir durante mis años a tu lado, demasiados años, demasiada vida, y demasiada presión social quizá para no dejarte cuando empezó aquella etapa de falta de interés y martirio en mis días a tu lado.

He de reconocer que creí quererte en nuestros inicios, o más que quererte, estaba “cómoda” a tu lado, o eso pensaba. Tú no me molestabas demasiado en aquellos primeros momentos de relación, me dabas esa paz que yo necesitaba después de algunos años locos, y supusiste quizá para mí un refugio para “escampar” de la tormenta durante una corta temporada. Porque esa era la idea inicial, estar contigo lo justito para “atecharme”, para tener una temporada de paz y volver a la vida a mi manera que yo siempre quise para mí, lejos de ti, cerca de mí, de mí entera, de mí auténtica, de mí esencia.

También influyó en mi confusión inicial, y eso tú lo sabes bien, la presión social, y la presión familiar. Eras un “buen partido” para todos, yo era “afortunada”  según el mundo entero por haberte encontrado, porque me quisieras, por haber conseguido entrar en tu selecto círculo de “novias” fijas oficiales, y mientras todo el mundo te adoraba y me felicitaba por estar contigo, yo en secreto te detestaba cada día un poquito más, hasta llegar al día de hoy, hasta llegar a esta carta, a esta momento, después de nuestra historia tormentosa, más para mí que para ti.

No, no pongas esa cara. Ya sé que estás acostumbrada a que te alaben, a sentirte el “centro del mundo”, a que todo el mundo te desee, a qué todo el mundo quiera estar en mi lugar como tú me repetías machaconamente una y mil veces en mis primeros intentos de alejamiento, en nuestras primeras broncas gordas que tanto daño me hicieron, pero ya no ¿sabes? Ya no pienso escucharte, ya no tienes poder para volver a martirizarme ni un día más con esa retahíla infame que me hacía sentir culpable, rara, irresponsable, utópica, inocente, tonta y toda esa sarta de adjetivos descalificadores que tú y tus “secuaces” que siguen, y perdón por el vulgarismo “lamiéndote el culo” me dedicabais en mis ataques de rabia hacia ti primero y hacia el resto del mundo que te apoyaba en nuestros primeros choques en segundo lugar.

No, no te quiero, y permíteme dudar de si un día te quise de veras o fue más bien un espejismo “social”. Sí, Mea culpa, caí en tus redes, era débil y me dejé influir por el resto del mundo, por la sociedad, por el “tanto tienes-tanto vales” que tanto te benefició siempre y con el que yo nunca estuve del todo de acuerdo y  hoy cambio por el “tanto eres-tanto vales”. ERES. SER, eso que tú nunca me dejaste hacer. SER. SER por mí misma, ser auténtica, ser esencia, ser YO y no una más de esas que aún a fecha de hoy sigues oprimiendo a tu antojo cuando quieren escapar.

Ahora y después de todo lo escrito, sé lo que harás, volverás a “golpearme” metafóricamente con tu argumento estrella, ese de llamarme desagradecida y echarme en cara todo lo qué me has dado. Y yo me pregunto, y yo te pregunto:

.- Qué me has dado… ¿Qué?

Tú me has dado lo que te sobra, lo material, y yo te he dado VIDA, te he dado tiempo, te he dado algo que no se paga ni con todo el oro del mundo, y mucho menos por supuesto con las migajas que siempre me ofreciste. Yo te he dado más, mucho más, reconócelo, te he dado algo sin precio, te he dado lo mejor que tengo, te he dado mi propia vida. Por favor, no intentes comparar vida con limosnas, saldrías perdiendo.

Mira, en realidad es muy sencillo, empecemos por el principio, por esas bases mal construidas que se vinieron abajo en mi primera crisis a tu lado de las muchas que luego vendrían:

  • Yo quería sol, y tú me dabas gris, me obligabas indirectamente a trabajar de sol a sol (o mejor dicho de noche a noche) para poder sobrevivir, tus migajas nunca fueron suficientes para poder vivir, tenía que trabajar más y más para poder llevar una vida “normal”, sin ahorrar demasiado tan siquiera, sin casa, sin coche y sin ningún lujo externo más que el de poder escaparme lejos de ti al menos una vez al año, una mísera vez, eso era lo que me permitías después de entregarte más de 300 días de mi sudor de noche a noche.

 

  • Yo quería libertad, y tú te empeñabas en atarme con cadenas de horarios insanos e imposiciones absurdas simplemente para sentirte “más fuerte” que yo, que todos nosotros, para certificar lo que ya sabías, que nos tenías sometidos a tus desmanes a menudo ilógicos cuestionados por todos tus subordinados.

 

  • ¿Más razones para  irme? Tu mente cuadriculada, tu falta de improvisación, tus continuas exigencias pidiendo más y más de mí, tu ineptitud manifiesta para entender, para empatizar, tu nulo raciocinio demostrado en más de una ocasión, tus continuos chantajes, tu falta de talante, las injusticias vividas a tu lado, tus continuos “maltratos” en forma de recortes en lo único que nos sabías dar, lo material,privándome (y no solo a mí) de esa paz que al principio nos vendiste como real. Aunque debo decir que esto último es solo una mísera gotita en el gran Océano de todo lo demás, lo realmente importante, las razones de peso para llegar a este momento, a esta carta, a este hoy y distan mucho de ser económicas.

 

A pesar de todo, debes saber que mi intención está muy lejos de que esto se convierta en una carta de reproches y de ataques. A pesar de todo lo vivido, hoy te quiero dar las gracias, gracias y mil millones de gracias por todo lo aportado, porque cada situación de tu vida te deja un gran aprendizaje, una gran lección y por supuesto nuestra relación no iba a ser menos:

  • Gracias por las personas increíbles que he conocido gracias a ti. Por los amigos, por los buenos amigos, por los grandes amigos. Por las risas y las sonrisas. Por aprender a ser mejor, a trabajar la paciencia, por sacar a relucir mis capacidades, y también mis puntos débiles para poder enfrentarme a ellos y vencerlos. Porque gracias a ti me he conocido más que nunca. Tú has sacado a flote mis luces y mis sombras, y gracias a ello, gracias a mis demonios, he podido crecer, evolucionar, aprender. Gracias y mil millones de gracias por tanto.

No hay rencor en mí. Solo necesidad de liberar, de explicar, de compartir, de contar, pero te prometo que ya no desde el resentimiento, sino desde la paz de saber que nuestra historia se termina, desde la certeza de las decisiones firmes, de las decisiones que liberan, de las decisiones acertadas.

¿Recuerdas lo que te dije aquel día en que nos conocimos? Te dije que nuestra unión no duraría para siempre, que no me pensaba morir en vida a tu lado. Tú nunca me creíste, te reías de mí, te hacía gracia mi frescura inicial y aquellos arrebatos de “libertad” como tú los llamabas. Nunca me creíste capaz de dejarte, nunca me creíste lo suficientemente valiente, nunca creíste que fuese a dar ese paso reservado solo a algunos “locos” como tú los llamabas, de los que por cierto, nunca volviste a saber. Tú tenías ya sobrada experiencia en consumir tiempo de vida, en agotar ganas y fuerza, en chantajear con lo único que sabías dar, lo material y pensaste que yo sería una más de todas esas almas que nunca se van de tu lado. He de reconocer que no ha sido fácil alejarme de ti, nada fácil, la mitad de la sociedad, mi familia, y parte del resto del mundo estaba de tu parte. Yo me sentía sola en mi lucha, incomprendida, asustada, débil. Tú siempre jugaste con ventaja, lo tenías todo a tu favor, y yo solo tenía el alma libre y ganas de comerme el mundo lejos de ti, cerca de mí.

Once años, once años de desesperación, once años de lágrimas, once años de estrés, once años después, un “cataclismo” en mi vida supuso nuestro punto de inflexión para esa ruptura final que yo hace tanto deseaba. Enfermé, y enfermé muy gravemente como bien sabes, mi cuerpo dio un golpe sobre la mesa y decidió así alejarme al fin de ti con un Renacimiento y un comienzo simbólico de mi vida a mi manera, de mi vida soñada.

Ahora que llevamos un tiempo separados sé, y sé con certeza que no quiero volver a ti. Sigo pensando en el hoy, en este presente, sin ayer, sin mañana.

Ya sé lo que opinas, ya sé lo que opinas tanto tú como el resto del mundo:

“Que me moriré de hambre sin ti”,

“Que estoy loca”.

Y ¿sabes qué? Tienes razón y debo dártela, es posible, muy posible que me muera de hambre, pero querida “Oficina Gris”, esa es mi elección, porque yo elijo como vivir y también elijo como morir. Te repito como tantas veces hice:

Prefiero morirme de hambre, morirme pronto, morirme cumpliendo mi gran sueño a morirme de no-vivir a tu lado, a morirme de sobrevivir, a matar a mis sueños, a llevar la vida gris y rutinaria que tú me ofreces, a morirme consumida entre odio hacia ti y odio hacia mí por no haber sido lo suficientemente valiente para luchar por mi gran sueño.

A pesar de todo te abrazo, te agradezco, y me voy en paz de ti, sin odio, sin resentimiento, sin rencor. Sabes que dentro de no mucho nos volveremos a ver, necesitamos normalizar nuestra situación, firmar papeles, necesito tu visto bueno para soltarme, para que me des esos años de libertad que me he ganado con la entrega de todo este tiempo de mi vida. Solo espero que me pongas las cosas fáciles, yo por mi parte prometo irme en paz, sin molestarte demasiado, sin revolver las aguas calmadas de tantos meses de separación como hoy llevamos. Tan solo dame lo mío, lo que es justo por derecho, no pongas trabas y yo por mi parte haré todo lo fácil que pueda nuestra despedida.

Me voy, querida “Oficina Gris”, es el momento de irme. No creo que me eches mucho de menos, te ahorrarás tener que sufrir a esa chica díscola de alma libre que en el fondo nunca te quiso.

Nos vemos ya prontito.

Cuídate mucho mientras tanto.

Atentamente:

Mariu

-La chica Libre-

Libertad

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