19 de abril de 2016 ¡Estamos de Aniversario! Hace exactamente un mes, eso dicen los calendarios, que me fui de Asturias con mi billete solo de ida y sin saber nada, nada de nada, nada más que el país en el que aterrizaba. El resto se empezó a construir solo, día a día, sin planes, aunque si algunas prisas, las del frenesí viajero de querer hacer-ver-visitar-conocer-vivir y devorar cachito a cachito de mundo sin masticar, con ese hambre voraz de descubrir y seguir. ¡La pasión de los comienzos!

En este mes he visto mucho, he vivido otro tanto y me he re-encontrado cada día, y lo sigo haciendo, porque aún queda mucho por descubrir, en el mundo, pero sobre todo en mí. Y nada mejor que hacerlo lejos de todo lo conocido y más cerca que nunca de mí sin más distracciones que las de lo nuevo de cada día.

Reflexiono, y pienso que nunca me han gustado las literas de arriba, ni esperar para entrar a la ducha, ni siquiera había conseguido ir demasiado tiempo sin maquillaje, y sin tacones y sin secador como extensión de mi pelo. ¡Y tampoco me avergüenza decirlo!  que pareciese últimamente que estos temas estuviesen demonizados en el mundo “viajeril”.

Pero ahora estoy aquí, y vivo así, sin nada de lo superficial, y con todo de lo esencial, con sarna, de la que no pica, de la que gusta ¡Bendita sarna! De esa que repetirías cada día de tu vida, sin lujos que te impidan vivir lo importante de tus días, sin rutinas, sin zonas de confort, sin esperar a mañana, creando tus días y de paso tu vida, viviendo con más intensidad eso de que “la vida es hoy” y nada mas que hoy. Y lo más importante, eligiendo, pero de verdad, sin más “hay que” que los que disfrutas. Sin más “porque sí” que el dicho por ti, y para ti. Más dueña de tu vida y de tu tiempo que nunca. Compartiendo cada día charlas y trocitos de vida con personas diferentes, pero iguales en lo esencial. Porque por algo estamos aquí, en esta parte del mundo, compartiendo habitación o casa, y risas y momentos, descubriendo, re-descubriéndonos.

¡Y concluyo que esta sarna me gusta!

Huele a vida, y también huele a libertad.

Libertad viajera, esa en la que prescindes de todo lo que creías necesario y te sientes millonaria con las pequeñas cosas del día a día que antes no sabías apreciar de tanto tenerlas, creyendo que eran tuyas por derecho.

Y aquí estoy un mes después, descubriendo en mí una capacidad de adaptación in extremis e in crescendo. Un estómago a prueba de bomba. Y una intución como compañera fiel de camino y consejera con honores que nunca me abandona.

¿La moraleja de este primer mes viajero de ida sin vuelta? Esta:

“Cuanto menos tengo, más soy”.

La transformación, esa palabra que llevo tatuada en piel y alma, continúa su camino ¡y yo con ella!

¡Continuamos ruta!

¡Gracias a todos los que me habéis acompañado en mi primer mes de ruta de este sueño viajero!

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¡GRACIAS por adelantando por ayudarme en mi proyecto de vida!

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