A veces pasa, y a mí me pasa a menudo, ¡y más cuando viajo! Esto, justamente lo que ha sucedido “perderme” días dentro de mi propio viaje, interno y externo, y no ser capaz de compartir de tanto y tan intenso de mis días en la ruta, ¡o en la vida en general!

Así que os debo unos cuantos post de actualización de todo lo vivido desde mis días en la bella sierra oaxaqueña.

De San José del Pacífico, el lugar que sin preveerlo me reconectó con la esencia del viaje, y con mi propia esencia, y con la vida, y con el todo, me fui a la costa oaxaqueña, destino anhelado desde ya antes de cruzar el charco y de que este sueño viajero comenzase.
Decidí irme de mi “nuevo lugar en el mundo” el día después de que dos de las personas con las que compartía mañanas, y días, y noches de estrellas, y de hostel, abandonasen el barco y siguiesen sus viajes y sus rutas, después de estos días compartidos de “no tiempo” en la sierra de Oaxaca. Supe en ese momento que mi camino debía continuar, pero que San José significaría por siempre ese lugar-casa, ese lugar-refugio, ese lugar-conexión al que siempre se acaba regresando en lo físico o en ensoñaciones conscientes, lo mismo da. La cuestión es que sabía que mi mente o mi cuerpo regresarían antes o después, regresarían siempre, o quizá no se irían nunca del todo…

Llegué a Puerto Escondido como primer destino de mis días en la Costa del Pacífico y allí me volví a encontrar con dos de los amigos que hice en Isla Mujeres, y que a ratos hemos ido viajando juntos y a ratos hemos separado caminos, teniendo la certeza en cada despedida de que habría un nuevo encuentro, ¡como así fue!, el último en Puerto Escondido, lugar al que ellos habían llegado la noche anterior. Ellos estaban en un bonito hostel de Playa Carrizalillo, una de las más hermosas de Puerto Escondido, y una de las pocas en las que es posible el baño en este Pacífico intenso de fuerza descomunal y olas inmensas perfectas para el surf, y a su hostel me dirigí nada más llegar. Concretamente al “Hostel Shalom”, no demasiado mal de precio (100 pesos mexicanos en habitación compartida), cerca relativamente de la playa, con piscina pero, (porque hay pero), una limpieza deficiente en las habitaciones compartidas, nada grave comparado con otros lugares en los que he estado, ¡pero a tener en cuenta!

La Playa de Carrizalillo es PRECIOSA, así en mayúsculas y subrayado, y es una de las que más me ha gustado de Puerto Escondido, aunque cerquita hay otras que tampoco están mal como Puerto Angelito (muy familiar) y Manzanillo, también muy bonita. Todas están muy cerca, así que se pueden visitar en el mismo día y elegir en cual de ellas prefieres quedarte, ¡e incluso puedes pasar un ratito en cada playa!

Playa Carrizalillo Puerto Escondido

Una vez allí merece mucho la pena acercarse a Playa Bacocho, una la de las playas más largas de la zona, y uno de los lugares junto con Punta Zicatela, donde se pueden ver bellísimas puestas de sol.

Playa Bacocho Puerto Escondid

Allí en el Hostel Shalom pasé cinco días y al sexto me fui a la otra parte de Puerto Escondido, a Punta Zicatela a encontrarme con Maialen, una amiga vasca que había conocido en San José del Pacífico que vivía y trabajaba en un hostel de la zona, ¡La Punta es un lugar de peregrinación obligatoria para los amantes del surf! Y, según mis gustos viajeros, esta zona, ¡es la que más me ha gustado de toda la Costa del Pacífico oaxaqueña que he conocido! Me recordó mucho a la isla de Holbox, puedes ir descalzo, buen ambiente, y un rollito similar, aunque en este caso muy surfero. Hay hostales baratos, donde se puede hacer voluntariado si se quiere, y para comer hay opciones económicas no muy lejos de la playa.

Punta Zicatela Puerto Escondido

¡Y fue a causa de “comer” por la que viví una de las tardes más divertidas de mis días de ruta!
Grupo de chicos y chicas mexicanos que andaban de celebración y yo, sin saber muy bien cómo, cuando me di cuenta estaba en su mesa con dos mezcales y tres cervezas delante a cuenta del chico que celebraba su vuelta a casa, después de sus dos meses trabajando fuera. Luego me enteré que era un cotizadísimo profesor de surf entre otras cosas relacionadas, ¡que cobraba lo inimaginable por hora! Trabajaba dos o tres meses y descansaba dos años ¡y con eso lo digo todo!
¡Risas no faltaron en la tarde más surrealista de mis días en el Pacífico!

En Punta Zicatela me quedé tres días, tres días geniales de puestas de sol, playa solo para mí en el tramo antes de llegar a la Punta ¡y también muchísimo calor, y mosquitos a tutiplén! ¡Es lo que tiene mayo en esta parte del mundo!

¡Ah! y también de dormir en arena ¡literalmente! Mi cama era colgadera, dentro de una cabaña y ¡no había suelo! había arena, ¡y escuchaba el mar cada noche y cada  mañana! No era lo más cómodo, pero ¡preciosa experiencia!

Hostal en Punta Zicatela Puerto Escondido

¡Mi cama!

Puesta de sol en Punta Zicatela Puerto Escondido

Amo las puestas de sol ¿se nota? 😉

De Punta Zicatela, me fui a Mazunte. Es muy sencillo, barato y rápido moverse por la Costa del Pacífico en colectivos y buses y, aunque raro en México y sus descomunales distancias, ¡está todo cerca!
Tenía altas expectativas con Mazunte que se cumplieron solo en parte, el lugar es pequeño, y ¡PRECIOSO! Pero, esperaba encontrar otro tipo de ambiente quizá.

Mazunte Oaxaca

Mazunte Oaxaca

Lo que si me apasionó y no me decepcionó ni un poquito fue la puesta de sol de Punta Cometa, si visitáis Mazunte, ¡es totalmente imprescindible!

Puesta de sol en Punta Cometa Mazunte

¡Aquí la puesta de sol de Punta Cometa!

Mi búsqueda de hostel allí, cargando con mochila y con un calorazo para morirse, ¡fue pesada y larga! Me habían recomendado algún alojamiento con habitaciones compartidas, (en teoría) que al llegar allí, quizá por la temporada, o quizá porque habían cambiado, solo tenía cabañas privadas ¡y carísimas! Y así, de un hostel a otro, no encontré en ninguno lo que buscaba, todo privado y caro (para una sola persona). Al final conseguí negociar el precio de unas cabañitas cerca de la playa, y de 250 pesos, conseguí que me lo bajaran a 150 pesos ¡y eran cabañas privadas! Estaba contenta con el resultado, hasta que, por una avería (luego me enteré) ¡nos quedamos sin agua en el día de más bochorno de la Tierra! Esto ya me había pasado antes en otros lugares, pero en este ¡me enfadó! Los señores de la cabaña se habían ido a una fiesta durante todo el día dejándonos tirados ¡y sin un triste caldero de agua ni para echar al water! ¡Y sin buscarnos solución de ningún tipo, claro! Total, tuve que apañarme como pude para conseguir que me dejasen ducharme en otro lugar y al día siguiente, decidí irme a Zipolite, la única playa nudista de México, situada a unos quince minutos de Mazunte. También muy sencillo llegar, hay camionetas que pasan por la calle principal cada diez minutos aproximadamente.

¿Zipolite me gustó? Si, pero no tanto como había pensado. Pero esta es mi opinión viajera personal, ¡conozco cientos de viajeros absolutamente enamorados del lugar! A mí sin embargo no me llegó a llenar del todo aunque reconozco es muy bonito. Tampoco me gustó demasiado su energía (¿quizá debido a que esta era la zona donde los mayas venían a enterrar a sus muertos?) ¡y mucho menos el calorazo de mayo que no dejaba ni dormir! Y eso que yo, ¡soy una amante del calor y huyo del frío!

Zipolite Oaxaca
En Zipolite me quedé en el “Hostel Carrizo”, el más barato del lugar en habitaciones compartidas, (50 pesos por noche), el hostel es humilde, no está mal, pero… aviso, ¡ni se os ocurra quedaros en el hostel en las épocas de más calor! No tiene ni un triste ventilador en la habitación compartida, y eso no es un lujo, ¡eso es vital para el calor de según qué época del año!

En Zipolite, en una de aquellas noches sin dormir en las que salí fuera de la habitación a intentar “respirar”, decidí volverme a “mi casa” nuevamente, a “mi casa” de México, a San José del Pacífico. Necesitaba mis montañas, mi “familia”, ¡mi lugar nuevamente! Añoraba todo lo que allí había dejado y lo que no sabía aún ¡era todo lo que me encontraría en mi “vuelta a casa”…!
Pero eso, ¡se merece post aparte!

Continuará…

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