¿Dónde me quedé? ¡Ah sí! Os comentaba que seguramente iría con mis compañeros de ruta, el torbellino barcelonés y el argentino buena vibra a Bacalar, ¿verdad? !Pues así fue! Nos fuimos todos, junto con Abraham, mi anfitrión en Playa del Carmen en Couchsurfing a conocer un poquito más y mejor de esta parte tan hermosa de México.

El plan inicial era ir a Bacalar y después pasar a Belice, plan que finalmente abortamos por los costes tan elevados que supondría salir de México por carretera y volver a entrar, creímos que no merecía la pena pagar tanto por pasar apenas un día o dos en Belice, que por otra parte nos habían dicho, ¡no era nada del otro mundo! Y como bonito, solo tenía unas islas que era las que pensábamos visitar. Pero esto es hablar por hablar, finalmente no he conocido Belice (de momento), y las opiniones ajenas no me importan demasiado, así que… Belice se queda en incógnita hasta próxima ocasión, ¡a lo mejor muy pronto!

Así que después de pegarnos un desayuno de campeones en Playa del Carmen salimos todos, ¡seis personas en un coche para cinco! A descubrir algún rinconcito más de este México lindo con un guía de lujo por ser un viajero, ¡y de la zona!

Primera parada, ¡el Cenote Azul! Muy próximo a Playa del Carmen. Este fue el primer cenote de mi vida y ¿qué decir?! ¡Un pequeño paraíso! El agua es tan transparente que ves todos los peces, un sitio ideal para hacer snorkel o disfrutar simplemente de un baño en uno de los lugares más especiales que he conocido en mis días caribeños. Para quien no lo sepa, los cenotes eran lugares sagrados para los mayas, portales al mundo de los muertos, y también considerados como lugares del nacimiento de la vida, contenedores de agua virgen, y lugares donde se realizaban diversos ritos.
Fue un gustazo bañarse en esas aguas cristalinas y si te relajas, unos pececitos la mar de apañados se ofrecen voluntariamente a hacerte la pedicura y quitarte cualquier dureza que tengas. Al principio da impresión, sientes cosquillas, pero luego, te relajas y “te devoran” dejándote la piel suave y estupenda ¡lo recomiendo!

Cenote Azul de Quintana Roo

La siguiente parada ya fue directamente en Bacalar, uno de los pueblos mágicos de México ¡y con razón!, es un pueblo precioso con una laguna impresionante que dicen, tiene siete tonos de azul. Un pueblecito de esos para quedarte días y días a relajarte y disfrutar, muy buen ambiente y nada de “turismo de masas” como otros lugares que he visitado. Allí comimos en un sitio precioso llamado “La Playita”, con opciones deliciosas para vegetarianos ¡aleluya! y para no vegetarianos también ¡claro!. Un sitio así en España costaría ¡lo inimaginable! Pero allí en Bacalar comimos hasta hartarnos, bebimos dos cubos de cervezas, pasamos parte de la tarde contemplando la laguna, ¡por tan solo unos 10 euros al cambio por persona! Muy, ¡pero que muy recomendable!

La Playita, Bacalar

¡La Playita! Precioso, ¿verdad?

laguna de Bacalar

Laguna de Bacalar

Allí en Bacalar pasamos la noche y la idea era, en el regreso a Playa del Carmen, que Abraham nos dejase a todos en Tulum para continuar ruta. Pero lo mejor de los viajes sin prisa, ¡es que las ideas siempre cambian! Al menos las mías, y van adaptándose al camino y a los lugares de más “feeling viajero”. Así que en Bacalar empecé a pensar que quería quedarme ahí, ahí o en Mahahual donde pararíamos al día siguiente. Le estuve dando vueltas durante un buen rato hasta que al final, guiada por una intuición viajera de esas infalibles, decidí reservar un alojamiento en Mahahual para la noche siguiente. Necesitaba unos días de “desconexión” y cero prisas, para estar conmigo, relajarme, escribir, disfrutar de mi tiempo y mi viaje, y Mahahual por los comentarios que había leído y por los consejos que había recibido de otros viajeros, ¡parecía el sitio idóneo! Un bucólico pueblecito pesquero con playa y nada de turismo de masas… ¡no sonaba nada, pero que nada mal! Pero como cada cual tiene sus gustos, decidí darle oportunidad con una sola noche y un día, con idea de, si me gustaba, alargar mi estancia al menos otro día más.

En el camino de ida a Mahahual paramos en otro cenote, el Cenote Negro o “Cenote de las Brujas” en la laguna de Bacalar ,llamado así por la creencia de que en este cenote se realizaban diferentes rituales por los antiguos brujos de la región ¡precioso! ¡E ideal si os gusta tiraros al agua desde las alturas! Aunque a mí personalmente, me gustó mucho más el Cenote Azul.

Cenote negro de laguna de Bacalar

Cenote negro o Cenote de las Brujas

¡Y llegamos a Mahahual! Y allí me despedí de mis compañeros de ruta con los que había compartido los últimos días. Bueno, lo de despedirme es un decir, la gente que se conoce en un viaje siempre permanece, siempre te la encuentras de nuevo, siempre compartes más rutas y más vida. Y yo, estoy segura que coincidiré con algunos de ellos en otros puntos de México o ¡quién sabe donde! El mundo no es un lugar tan grande como parece.

Y si, ¡mi intuición viajera no me falló! ¡Me enamoré de Mahahual a primera vista! Y la estancia se alargó… ¡de hecho sigo aquí! Pero eso, ¡os lo cuento en este post! Mahahual: Autencidad y Paz en el Caribe mexicano

Mahahual México

¡Despedida de mis compis de ruta! No parece mal lugar para quedarme, ¿no?

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