Marrakech

Cierro los ojos, escucho esta música, saboreo un té de menta e inevitablemente me traslado con la imaginación a uno de los países con más magia que jamás he conocido: Marruecos, el país de los contrastes.

Deseaba conocer Marruecos, lo deseaba fervientemente, era una de mis “espinitas” viajeras clavadas, y Xavi y Carme y las maravillosas sincronías me lo pusieron en bandeja por fin.

Aterricé en Marrakech y este fue mi primer contacto con el país, allí me esperaban los integrantes del grupo que ya habían llegado junto con nuestros guías. Automáticamente empezó a embrujarme su ambiente único cuando llegué al punto de encuentro con el resto, la tan mentada plaza de Jemaa El Fna (o Jamaa El Fna), lugar más importante de la Medina y centro neurálgico de Marrakech que se extiende desde la Mezquita Koutoubia, la más importante de Marrakech.

Plaza Jemaa El Fna Marrakech

Mucho se ha escrito sobre esta plaza y mucho queda aún por escribir, porque la famosa plaza tiene sorpresas para todos. Generalmente, cuando lees opiniones tan buenas sobre un lugar se crean unas expectativas tan altas que pueden llevar a la decepción cuando al fin lo conoces, ¡pero no es el caso!. La plaza hechiza nada más la pisas por primera  vez, de día y sobre todo cuando anochece y todo se llena de actividad, de bullicio y de magia. Todo lo que supongas o quieras encontrar, lo encontrarás, la Plaza es un caos ordenado a su  manera, una mezcla variopinta y única que la ha hecho Patrimonio Intangible de la Humanidad (¡por algo será!).

Durante el día te puedes encontrar encantadores de serpientes, aguadores, domadores de monos, dentistas, tatuadoras de henna (un consejo, no les dejéis el brazo demasiado expuesto, no os dará ni tiempo a reaccionar cuando de forma improvisada y sin pedirlo veréis que os tatúan cualquier cosa y luego os pedirán continuar el dibujo o dinero por ello y si os negáis, ¡enfado a la vista!), puestecitos de todo tipo, y muchos de ellos vendiendo a un precio muy reducido un zumo de naranja buenísimo y recién exprimido que apetece solo con verlo (cuidadito con que no os lo rebajen con agua, ¡vuestro estómago os lo agradecerá!).

Aguador en Plaza Jemaa El Fna Marrakech

Aguador en la Plaza

Y cuando empieza a anochecer los puestecitos se retiran y en su lugar aparecen los chiringuitos de comida donde se agolpan para cenar marrakechíes y turistas por igual, merece la pena cenar allí y meterse en pleno bullicio para “vivir” más el lugar, eso sí ¡ojito estómagos delicados!, como inciso decir que no hay cubiertos para nadie, y cuando digo para nadie, es para nadie, sí, ¡tampoco para los que te sirven la comida!, aunque también debo decir que yo cené allí y no me pasó nada ni a mí, ni al resto de personas que cenaron conmigo, es más el “choque” de la diferencia de costumbres que otra cosa. No hay riesgo, ¡o eso creo!

La plaza es para vivirla, para recorrerla despacito, para saborearla, para olerla, para disfrutarla, y como n,o para saborear un té a la menta (o lo que os apetezca), en cualquiera de las terrazas de los bares y restaurantes con vistas a la plaza que hay alrededor y así poder admirar desde arriba la actividad y el bullicio en cualquier momento del día, ¡y también para sacar fotos sin que nadie te ponga pegas o te pida dinero! Porque abajo en la plaza ¡te pedirán dinero por las fotos que les hagas! Eso sí, el precio en esas terrazas es bastante “europeo”, aunque merece la pena, ¡las vistas son impagables!. ¿Mi momento preferido para ello? El atardecer cuando comienza la metamorfosis en la plaza. Una fiesta de los sentidos, así definiría yo la famosa Plaza.

En la Plaza me tomé un zumo de bienvenida con Carme y Asia nada más llegar y encontrar al resto, y luego por supuestísimo mi primer té a la menta en una terraza con los integrantes del grupo que ya habían llegado.

Terraza Plaza Jemaa El Fna Marrakech

Mi primer té a la menta y encuentro con el grupo

Desde allí nos fuimos a la Plaza de las Especias, el camino entre las dos plazas fue mi primera incursión en el laberinto de la medina y sus zocos, fuimos a cenar a la Terrasse des Epices en la misma plaza, (que no Café des Epices que está enfrente), buena comida y ¡vistas increíbles desde la terraza!, desde allí nos maravillamos con la puesta de sol, cenamos, nos presentamos, hablamos, y se empezó a formar esa piña estupenda que ya duraría todo el viaje.

Medina Marrakech

¡El laberinto de la Medina!

Puesta de sol desde la Terrasse des Epices Marrakech

Maravillosa puesta de sol desde la “Terrasse des Épices”

Después de cenar, negociación con los “petit taxi” (porque lo del taxímetro… ejem, no lo usan demasiado), ¡y al hotel! ¡A la mañana siguiente comenzábamos nuestra ruta hacia el sur de Marruecos!

¿Y tú? ¿Has estado en Marrakech? ¿Te ha gustado tanto como a mí? ¡Os espero en los comentarios!

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¡GRACIAS por adelantando por ayudarme en mi proyecto de vida!

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