Y llegó ese día que hoy y desde la distancia recuerdo como uno de los peores de todo mi proceso.

El día de no saber.

El día en que mi mundo giró a más velocidad que nunca.

El día en que todo, se puso del revés.

Ese día llegué a trabajar como cada mañana, mi compañera ya estaba allí y solo por su forma de mirarme supe que algo no iba bien. Me explicó que había hablado con su familiar neurólogo y que, efectivamente, tenía un gran tumor cerebral, muy posiblemente benigno, pero un tumor al fin y al cabo, y muy grande, enorme.  Por último me dijo que según le había dicho, debía operarme YA, de forma inminente, ya me estaba afectando en el área motora y seguía creciendo,  no se sabía a que ritmo, con lo que, si no lo operaba pronto posiblemente empezase a afectarme a otras zonas y quién sabe qué más podría perder.

En ese momento se me vuelve a parar el tiempo, me mareo, se me humedecen los ojos, se me acelera el corazón, empiezo a temblar, me pongo nerviosa, vuelvo a tener miedo, y sé que en ese estado no puedo trabajar, no puedo atender al público.

Subí a hablar con mi jefe, le expliqué la situación y mi jefe me envió a Valencia a hablar con el médico que lleva todos los asuntos de nuestro trabajo, era un médico de cabecera, pero quizá me pudiese aclarar algo más. El médico me dijo que, efectivamente tenía un gran tumor cerebral, pero debía hablar con un neurocirujano que sería el que determinaría si era necesario operar o no y el que podría darme más detalles de todo.

Sigo sin saber nada.

Mi mundo gira a más velocidad que nunca.

Caos.

Confusión.

Desolación.

Justo al salir de la visita con el médico de cabecera, busqué y pedí cita con uno de los mejores neurocirujanos de Valencia. Necesitaba saber, necesitaba que me explicase y me confirmase si debía o no operarme para empezar a moverme si la respuesta fuese que sí, en ese momento lo único que tenía claro es que si finalmente tenía que operarme, quería hacerlo en Asturias para poder estar con mi familia. Me dieron cita para diez días después. Diez días. Diez días más de agonía y de duda. Diez días en los que me podría volver loca entre elucubraciones y opiniones ajenas. Diez días que era consciente de que en este caso equivaldrían a 1.000 años, ¿Pero qué hacer? Aún no le había contado nada a nadie de mi familia, no tenía ni idea de a quien podía acudir para averiguar algo antes.

Al día siguiente y como en tantas ocasiones en esta historia, hubo milagro, tuve la gran suerte de que un amigo se acordó que conocía a alguien que trabajaba con unos de los mejores neurocirujanos a nivel mundial, y esta persona que como segundo milagro estaría en quirófano con ellos al día siguiente, me dijo que me haría el favor de pasarles mi informe y las fotos que venían en el CD de la resonancia, para que ellos pudieran sacarme de dudas y decirme que debía hacer. Sabía que lo que ellos dijesen determinaría el resto de la historia.

En ese momento ya estaba preparada para todo. Volvía a estar fuerte.

Y llegó la esperada llamada, y llegó la esperada respuesta, y la respuesta fue:

SÍ, tendría que operarme, y 

 SÍ, de forma inminente,

El tumor era demasiado grande y seguía creciendo. La parte buena era que no tenía edema según me confirmaron y que de momento solo afectaba al área motora.

Mi mundo vuelve a girar a más velocidad que nunca, en mi cabeza mil cosas que resolver, gestionar, buscar, hacer. No había tiempo para esperar o tomárselo con calma, debía actuar ya. Es extraña la sensación que tuve en ese momento, después de confirmar lo que me pasaba, me sentía serena, me sentía fuerte, me sentía optimista, sentía que ya no había rastro de miedo, y sentía que ya no tenía ganas de llorar.

Lo primero que hice fue indagar, buscar, investigar y preguntar sobre el mejor neurocirujano en Asturias. Me hablaron del Dr. Torres, leí opiniones sobre él, y todas eran buenas, lo vi en un vídeo, y me gustó, y supe que sí, que él sería el elegido si debía operarme.

Me fui a dormir, y sorprendentemente dormí en paz, dormí largo y tendido, dormí como si nada hubiera pasado en mi vida.  Imagino que fue debido a que por fin las cartas estaban sobre la mesa desde el punto de vista médico, después de mis días de caos, sabía lo que había al menos por su parte. Solo me faltaba otra parte, la espiritual, necesitaba saber si era necesario operar desde el punto de vista espiritual que no siempre coincide con el médico. De esto saldría de dudas el domingo.

A la mañana siguiente me levanté con energía renovada, con más fuerza que nunca, con más serenidad de la que nunca me hubiese imaginado en un caso así. Era sábado, hacía  un día espléndido de sol, y decidí que ese día sería para mí y para vivirlo a mi manera, me iría a la Naturaleza, o quizá a pasear por la playa, decidí hacer solo lo que me apeteciese y nada más, ¡fuera obligaciones insanas auto-impuestas!. El domingo me fui a Denia a consultar mi caso con una maestra espiritual de la que tenía muy buenas referencias, y su respuesta fue clara:

SI, en mi caso era mejor operar y después sanar la parte emocional posiblemente que hubiese generado el tumor.

Volví de Denia el lunes, justo en ese momento ¡comenzaron mis días de gestiones y locura!

Dentro de ti se encuentra el poder de levantarte por encima de cualquier desgracia, y transformarte en la versión más fuerte y brillante de tu ser

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