Absurdocracia: (también llamada para algunos burocracia)

O el arte de deshumanizar, anular, oprimir y robotizar bajo su yugo a los sometidos a la absurdez supina de su falta de razones, dentro de una estructura cuadriculada a extremos, que priva del noble arte de pensar y se aleja en todo de la lógica y la razón. Justamente lo que nos hace humanos. Casualmente lo que nos diferencia de las máquinas.

Hoy voy contar la historia más absurda de mis días en ruta, y también sin ruta, de mis días en general. Una historia esperpéntica. Una historia que pensé ya no viviría, después de alejarme de todo lo que olía a rancio gris de las oficinas sin vida.
¡Pero la viví! Y como un déjà vu me vi en el lado contrario de la mesa, y entendí parte de las razones de mi “sufrimiento” del día a día en mi época de funcionaria sometida a los desmanes de la Administración, donde se cambia la lógica por los “porque sí”. Donde la palabra favorita es el no. Donde a menudo las “facilidades” están en peligro de extinción.

Situación:

Guatemala. Lago Atitlán. Me quedé sin dinero como cuento aquí → Guatemala: ¡Sin dinero en el Lago Atitlán! Y tuve que acudir el día siguiente, que era sábado, a Panajachel, el pueblo más grande del lago. Allí había bancos que ese día sí  que estaban abiertos, para poder retirar el dinero que me habían enviado mis padres por Western Union.
Sabía que el sábado los bancos cerraban pronto, así que madrugué para llegar cuanto antes y no tener ningún problema. El dinero que iba a recoger no era para comprar un capricho, ¡era el dinero para “sobrevivir” mis días en el Lago!
Mi padre me mandó el código de la transferencia y el resto de datos incluido su número de D.N.I. por si me hiciese falta, y yo me llevé mi pasaporte conmigo ¡esta vez sí!

Llegué al primer banco, esperé tranquilamente la larga cola de una de las cajas, feliz por poder finalmente solucionar mis problemas monetarios y ya tan solo, disfrutar del lago.

Le expliqué a la amable cajera, le di todos los datos, código, nombre y apellidos de mi padre, y dinero exacto de la transferencia en Quetzales. Le dejé mi pasaporte para verificar, y ella comprobó que todo estaba bien, que yo era la receptora, que mi padre era el emisor, y que ese dinero ERA MÍO.

.-Todo correcto. Todo bien. Respiré aliviada, ¡al fin tendría dinero!

¿Al fin tendré dinero? ¡Ilusa de mí!

¡El show de la absurdez supina acababa de comenzar!

Ya he comentado que todo estaba correcto, ¿no?

Pues NO.

La “amable” empleada en ese momento me pidió mi número de teléfono de Guatemala.

.- ¿Cómo?

Le expliqué que solo tenía número de España, que había llegado al país hacía tan solo dos días y ni siquiera tenía claro comprarme una tarjeta allí.
Me respondió que este requisito era obligatorio para poder retirar mi dinero, (que ya había comprobado que ERA MÍO) . Debía darle un número de teléfono propio de Guatemala (¿?) Y no solo eso, además también era necesario aportar el número de teléfono de un contacto de Guatemala (¿¿???)
Le respondí de nuevo, aún pacientemente, que no tenía teléfono de Guatemala y tampoco conocía demasiadas personas en el país, le expliqué mi situación y le dije que solo tenía un amigo en el país, que, afortunadamente me había dado su número días antes. Le pedí por favor que hiciese la vista gorda y que pusiese el número de mi amigo como si fuese mío y luego el del contacto que pusiésemos cualquier número inventado ¡si ya había comprobado que el dinero era mío! Y…:

¡Me dijo que no podía ser! Que eran las normas del banco y no se las podía saltar.

Le volví a explicar mi situación y le supliqué ya con mi paciencia a punto de sufrir un colapso, que por favor me ayudase, que ya había visto que el dinero era mío y que yo no tenía apenas efectivo ¡ni siquiera para comer!
Intenté razonar con ella. ¡Intenté hacerle ver que era absurdo ese requerimiento! Que yo no era de Guatemala, ¡y no tenía porque tener teléfono de allá! Ni tampoco tenía porque tener amigos ¡cuando acababa de llegar al país!

No había manera humana de razonar con ella, así que le pedí ver a su superior ¡estaba al borde de la desesperación!

Su superior, igual que la cajera me alegó las mismas estupideces, que las normas del banco eran así, y que no podía hacer la vista gorda de ninguna manera.
Apelé a su humanidad, ¡y nada! No había manera de que nadie en el banco me ayudase, y aquella norma absurda me impedía retirar mi dinero. ¡No me lo podía creer!

Y es en ese momento cuando tuve el déjà vu que me retrotrajo a tiempos pasados en la oficina gris, cuando trabajaba mano a mano con aquella burocracia absurda que jamás entendí y que tanto sufrimiento me causaba por su falta de lógica y su sobra de “porque sí”.

Me puse a llorar. No podía hacer ya nada más y la desesperación, el enfado, la impotencia por lo absurdo de la situación hizo que se me escapasen las lágrimas allí, delante de todos los que me negaban el derecho a retirar mi dinero ¡por no tener un número de teléfono del país, y por no tener conocidos allá!

Desesperada como estaba le pedí por favor que me diese alguna solución, y me dijo que probase en otro banco, que las normas quizá fuesen diferentes.

Enfadada y con ganas de matar a alguien, me fui al banco de enfrente.

¿Problemas? También tuve. ¡Esta vez me pedían dos avales!

.- ¿? ¿Dos avales para qué? ¿Para retirar un dinero que ya habían comprobado que era MÍO? ¡Me estaba volviendo loca!

Pero tuve la suficiente sangre fría para… ¡Inventármelos! Me inventé el nombre de dos personas y también sus números de teléfono, basándome en el número que tenía grabado de mi hostel para no meter la pata en el prefijo. Y es que, viendo que el enemigo “burocracia” no podía ser vencido, y previendo mis días en el Lago sin un solo Queztal, ¡decidí que mejor unirme a él!

Total, dos horas después de esperar colas interminables, de pelearme con la absurdocracia, con el mundo entero y suplicar a todos los dioses de la Tierra clemencia, ¡conseguí mi dinero! Y aprendí que poco importa en que parte del charco estés, cuando se trata de normas absurdas y de falta de lógica, hay para dar y regalar aquí, allá ¡y hasta en China seguramente!

Supe con una certeza renovada ese día, ¡que no! Que esta servidora no servía para estar “detrás de la mesa” haciendo mías normas absurdas inventadas por alguien muy enfadado con el mundo ¡digo yo!

Y renové “votos”.  Y releí nuevamente esta carta: Querida “Oficina Gris”: Hoy me despido de ti que escribí poco antes de firmar mis “papeles del adiós”, y a fecha de hoy ¡vuelvo a firmar y a reafirmar! 

 

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