Del Lago creo que me enamoré mucho antes de conocerlo en lo físico. Mientras curioseaba en Internet sobre Guatemala antes de salir de viaje, descubrí este lugar mágico, y decidí que si o sí, este sería mi primer destino en el país, y también que me quedaría más de un día y más de dos ¡y más de tres!, y también tuve la certeza que este sería uno de esos lugares de mis días en ruta que se me quedarían grabados a fuego para siempre y al que siempre querría volver.
¡No me equivoqué! El Lago Atitlán y aquellos días, estarán para siempre creo, entre mis mejores recuerdos viajeros.

¿Qué tiene el Lago Atitlán?

T-O-D-O.
Todo lo que yo busco.
O todo lo que más me podía llenar en aquel momento, y en este, y seguramente siempre.
Me pasaba los días con la boca abierta contemplando, disfrutando, descubriendo, maravillándome. Se dice de este lago que es el más bello del mundo, y yo, me lo creo.
Llegar al Lago Atitlán desde México fue reconectarme a lo bestia con la esencia del viaje, del mío personal, de lo que yo buscaba, ansiaba y evocaba mucho antes de salir de casa.
En el Lago Atitlán aún conservan tal cual las tradiciones mayas, la vestimenta, las lenguas. Es uno de esos lugares que parecen congelados en el tiempo y que conservan de manera casi intacta todo lo que un día fue, y hoy, sigue siendo.
Este Lago es un lugar sagrado para los mayas, y después de “vivir” su energía tan maravillosa, entiendo que hay algo más de lo que se ve en lo físico. De momento y para los incrédulos a temas energéticos, hay una ciudad maya sumergida, y el resto, se tiene que sentir, poco más puedo explicar de la magia absoluta del lugar.

Lago Atitlán Guatemala

En mis días en el Lago conocí alguno de los pueblos que lo rodean, y sobre todo lo “viví” a mi manera, que es según mi percepción, la única y mejor manera de viajar.

Hubo viajes en lancha de un pueblo a otro empapándome de la magia del lugar.

Hubo muchos momentos de paz a solas y maravillándome con la belleza del Lago.

Hubo cientos de conversaciones, sonrisas, amigos, y preguntas de esta, que maravillada con el lugar, ¡quería saberlo todo!

Hubo risas, y alguna de las tardes más divertidas de mis días en ruta.

Estos son los pueblos que visité en mis días en el Lago:

San Marcos

Elegí San Marcos para alojarme después de averiguar que este, era el pueblo más “espiritual” del Lago. Hay centros de meditación, de yoga, terapias naturales de todo tipo, y ¡como no! En un pueblo de estas características encontrar comida vegetariana es muy fácil, aunque no demasiado económico.
Descubrí en San Marcos un pueblo de una belleza inenarrable, ¡una espiritualidad un tanto “turística”! y unos precios elevados, pero en el que disfruté muchísimo de la magia del Lago.

– Hubo allí noches de lluvia, chocolate, pies descalzos, chimenea y conversación hasta las tantas.

– Hubo días de sol y sonrisas luminosas en las que me perdía la mitad de la mañana, descubriendo de su mano tradiciones y leyendas.

– Hubo calidez y calidad humana como hacía tiempo no veía.

– Hubo manos que ayudan a cruzar enormes charcos en aquellas noches de tormenta en las que el cielo parecía desplomarse sobre nosotros.

– Hubo un caldero de agua de lluvia que ellas, las sonrientes trabajadoras de mi hostal, me trajeron para lavarme, como solución para aquel día de avería en tuberías, barro hasta en el pelo y caos general.

– Hubo conversaciones de millones de horas hasta que la noche nos pillaba sin una triste luz.

– Y hubo seguramente unos de los días y noches más bonitas de mis días en ruta hasta ese momento.

San Marcos. Lago Atitlán. Guatemala

Así de bonitas eran las callecitas de San Marcos

San Juan

San Juan es un pueblo auténtico y precioso, donde no mucha gente elige alojarse, con impresionantes galerías de arte y murales maravillosos que yo, disfruté tan solo a mi llegada. Luego las circunstancias → (Guatemala: ¡Sin dinero en el Lago Atitlán!) me hicieron vivir sobre todo la amabilidad de sus habitantes. ¡Algo que jamás olvidaré!

San Juan. Lago Atitlán. Guatemala

San Pedro

San Pedro es el lugar que la mayoría de mochileros eligen para pecnoctar durante su estancia en el Lago, hay muchas opciones económicas de alojamiento y mucho de todo en general, más bullicio, más gente.
¡La verdad es que San Pedro me gustó más de lo esperado cuando lo conocí! Esperaba algo demasiado turístico, y aunque ciertamente lo es, conserva igualmente el encanto de todos los pueblos que rodean el Lago.
¿Mi mejor recuerdo? El de perderme por las preciosas callecitas para ir de un puerto a otro (tiene dos).

San Pedro. Lago Atitlán. Guatemala

Santiago Atitlán

A mi parecer Santiago es uno de los pueblos más auténticos y pintorescos del Lago. Y creo que es uno los lugares imprescindibles para empaparte de tradiciones mayas de lo más peculiares que se conservan tal cual eran en su día:

El “tocoyal*”:  El tocado que se puede ver en la moneda de 25 centavos es típico de este pueblo.
(*Cinta que usan las mujeres indígenas para adornarse la cabeza)

Maximon: Una deidad maya “fusionada” por decirlo así, con un santo cristiano: San Simón. Aunque sus orígenes son mayas. Y no, ¡no está en una iglesia! Maximon cambia de casa cada año, y para conocer su ubicación hay que preguntar a los lugareños. No puede haber visita a Santiago sin ir a presentar los respetos a Maximon.
Merece la pena pagar la entrada para poder verlo, con sus mil corbatas, con su puro, con su sombrero, y con sus dos guardianes que siempre lo protegen.

Sincretismo religioso: ¡Alucinante la visita a la Iglesia! Y ver como santos mayas y cristianos conviven con total naturalidad.

Lavandería maya: Las mujeres tienen sus propias piedras en el lago para lavar la ropa que se van pasando de generación en generación, ¡siempre lavan en su misma piedra! Aunque hay algunas sin propietario en las que lavan las que no tienen piedra propia.

Tocoyal. Santiago Atitlán. Guatemala

El Tocoyal

Maximon. Santiago Atitlán. Guatemala

Maximon con sus guardianes

Panajachel

Yo no tenía intención alguna de ir a Panajachel, el pueblo más grande de los que rodean el lago, por creer que sería menos auténtico que el resto, más ciudad. Tuve que ir obligada por las circunstancias a buscar una oficina de Western Union para retirar el dinero que mi familia me había enviado, después de haberme quedado sin dinero.
Finalmente y sorpresivamente, ¡Panajachel resultó ser el pueblo en el que más me divertí! Comí más barato y más delicioso que nunca en su mercado, hablé con mil personas, ¡y hasta me peinaron gratis por la calle! Y ya para rematar, no solo hubo una, sino que hubo dos tardes, ¡las más divertidas de mis días en Guatemala! Tardes de cervezas y risas compartidas con un artesano vasco que me enseñó un poquito de macramé, un hondureño siempre descalzo disfrutando de la vida, un argentino que me reconoció por haberse cruzado conmigo dos meses atrás en el Caribe mexicano, un salvadoreño, ¡el más gracioso de la Tierra! que me regaló mi sello maya en henna y una tarde de risas que jamás olvidaré, y todo el resto de almas libres que conformaban aquel grupo peculiar que un día y en grupo, ¡acabaron dedicándome una canción improvisada!

Sello Humano. Sincronario maya Guatemala.

Mi sello en el sincronario maya en Henna: Humano

Panajachel Guatemala

¡Tardes inolvidables en Pana!

Hay lugares que doy por vistos, a los que sé no volveré, al menos de momento.
Y hay lugares a los que siempre querré volver, el Lago Atitlán es uno de ellos.
Posiblemente uno de los lugares con más magia que haya pisado jamás.

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