Sucedió, sucedió en varias ocasiones, sucedió una y otra vez después de aquellas primeras semanas de agitación viajera, que hoy veo lejanas en el tiempo a pesar de haber sucedido casi casi “antes de ayer”.

Sucedió en Valladolid, en esa pequeña y hermosa ciudad colonial, que me enamoró desde aquella primera tarde en que la causalidad y la búsqueda de un cajero me llevaron a descubrir su parque central, y me senté rodeada de gente y de pájaros que quitaban el protagonista a aquel payaso de tarde de domingo que hacía las delicias de pequeños y mayores con sus chistes y sus juegos que mantenían a todo el mundo en sonrisa perenne y paz dominical. Sucedió después, cuando el baile de cada domingo en la otra esquina del parque captó la atención de bailarines y curiosos, entre ellos yo, que tenía un poco de todo, ganas de bailar, y también curiosidad en aquella primera noche vallisoletana que no pudo empezar mejor.

Valladolid (México)

Sucedió en el Cenote Zaci, ante la generosidad de la Madre Tierra y mi suerte de encontrármelo a tres cuadras de mi hostal, casi casi en el centro de la bella Valladolid.

Cenote Zaci Valladolid México

Sucedió en Chichen Itzá, cuando el sueño cumplido se multiplicó por dos, el viajero, y el de visitar las famosas ruinas mayas apuntadas en mi lista de cosas pendientes desde mucho antes de que se gestase el sueño de vida que hoy cumplo. Sucedió cuando contemplé extasiada por primera vez la pirámide de Kukulcán después del madrugón que consiguió hacerme llegar de las primeras y disfrutarla casi a solas con aquel “fresco mañanero” que tan bien sentaba antes del sofocante calor de las tierras yucatecas. Y sucedió más intensamente cuando unos aplausos seguidos del sonido del quetzal, (ave sagrada para los mayas asociada a los dioses), me despertaron de mi ensoñamiento admirando la grandeza de aquel lugar con alma.

Chichén Itzá México

Sucedió en Uxmal, Patrimonio Cultural de la Humanidad ¡y con razón! y la conclusión certera de que lo mejor, estaba siempre por llegar en aquella “grandeza” en forma de ruinas que me dejó boquiabierta y maravillada por no saber, no esperar, y no conocer hasta que uno de los viajeros con los que me crucé en mi camino me habló de aquel imperdible lugar que yo también decidí conocer en un cambio de rumbo de última hora.

Uxmal México

Sucedió en Campeche, cuando compartí momentos, charlas, lugares y puestas de sol con la bella familia que me abrió las puertas de su pequeña y humilde casa a la misma vez que las puertas de su gran corazón y de su vida a cambio de nada. Sucedió cuando me convertí en una más de su familia en aquellos días en los que descubrí el auténtico significado de la palabra “generosidad”, la de ellos. Que me ofrecieron casa, comida, cama, charlas y risas simplemente porque sí. Ellos que no tenían nada material, ellos que trabajaban de sol a sol en su pequeño negocio montado con amor, ellos que lo habían vendido todo para poder comer cuando la vida decidió girar para el lado contrario para aquella pequeña familia millonaria en lo que no se toca, ni se compra, ni se vende. Ellos que vivían en una pequeña pieza compartiendo cama para cederle, como no, su otra pequeña cama a todo aquel viajero que los eligiese como anfitriones en Couchsurfing. Ellos que no tenían nada, pero lo daban todo. Ellos que fueron mis maestros de vida. De amor. De compartir. De regalar.

Mi familia en Campeche

Puesta de sol en Campeche

Sucedió en mi llegada a mi “dorado” mexicano, ese lugar que llevaba tiempo anhelando conocer, desde que algún viajero con intuición certera que conocí en mis viajes por el mundo, me habló del lugar y de mí, al considerar con acierto que la energía de aquel lugar era, indudablemente muy similar a la mía propia, ese lugar que me cautivó por su energía, por su belleza, por su alegría, por su color, y por su calor, el humano, ese lugar llamado Oaxaca. Esa ciudad que enamora a todo aquel que tiene la suerte de visitarla. Esa ciudad especial como ninguna y bella como pocas. Esa ciudad situada desde el primer día en primeras posiciones en mi ranking de ciudades favoritas del mundo.

Sucedió cuando compartí mesa, mezcal, charlas y risas con la bella familia que me acogió en Oaxaca y no solo con ella, también con aquella mezcla genial de hospedados en su casa en aquellos días divertidos e imposibles de olvidar. Sucedió cuando reafirmé que no existen fronteras, ni tampoco idiomas que impidan la comunicación y las sonrisas de un ruso, un polaco, una alemana, una española y la bella pareja de mexicanos buena onda, ejemplo perfecto de hospitalidad, que hicieron de nuestros días de visita en su ciudad todo un regalo.

Sucedió en “Hierve el Agua”, probable lugar sagrado de los antiguos zapotecos, al bañarme en sus ojos de agua, aquellas piscinas naturales de agua caliente al borde del abismo. Sucedió cuando contemplé sus cascadas petrificadas de las que todo el mundo hablaba y yo ni imaginaba en todo su esplendor.

Ojos de agua Hierve el Agua Oaxaca

Cascadas petrificadas Hierve el Agua Oaxaca México

Y sucedió nuevamente y aún con más intensidad cuando descubrí el lugar situado desde ya y con honores en el Top 5 de “mis lugares en el mundo”, San José del Pacífico, el pequeño pueblo de la Sierra Oaxaqueña famoso por sus temazcales y por sus hongos.

Sucedió nada más llegar.

Sucedió con más intensidad en mi primer temazcal que llegó en el lugar y momento justo de mi vida.

Volvió a suceder en mi primera mañana de paz y sol cuando Alfredo, el jujeño de mirada limpia y su guitarra fueron los perfectos acompañantes de la buena vibra del lugar.

Sucedió…

Pero también sucede cada día, cada mañana de sol y paz, cada noche de risas y chocolates, con cada conexión álmica, con cada conversación de las intensas, con cada puesta de sol, con cada momento. Y suma y sigue porque me niego y resisto a abandonar el lugar en que más me reconecté a la vida, y al viaje.

El lugar en el que estallo de felicidad cada día.

El lugar del que tengo todo por contar y contaré proximamente.

De momento sigo atrincherada en uno de los lugares viajeros en el que “más amé la vida” ¿No dice eso la canción?

Puesta de sol en San José del Pacífico Oaxaca México

Sucedió, sigue sucediendo, sucederá…

Eso, el quedarte sin respiración, el estallar de amor por la vida, por tu vida, y por la ruta, y por tu sueño, y por todo lo vivido, y por todo lo que vendrá.

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