Cataratas Victoria desde el lazo de Zambia (1)

Ha llegado la hora, ¡me voy de Namibia! Y mi siguiente destino es: MI GRAN SUEÑO, ¡no me lo puedo creer! En mi interior doy palmaditas, salto, grito, ¡me muero de emoción! Y también de nervios. Porque cumplir un gran sueño es cosa seria, realizar algo que has visualizado, imaginado, y anhelado 7.432.576 veces en tus últimos veinte años, ¡es algo inmenso!

Son veinticuatro horas en bus desde Windhoek hasta Livingstone, pero esta vez ¡no me importa en absoluto! Vuelvo a ser una niña en su primera excursión del cole, me desborda la emoción y las ganas. Imagino, visualizo, nudo en la garganta, me pongo las gafas de sol, lloro un poquito, después sonrío, y así voy drenando como puedo la emoción ¡que es tanta que me desborda! Creo que se me nota, siento que todos me sonríen en el bus, o soy yo la que no dejo de hacerlo. La cuestión es que el ambiente a mi alrededor está cargado con algo grande y casi casi se puede palpar ¡hay un gran sueño en el aire a punto de cumplirse! Quisiera contárselo a todo el mundo, quisiera decirle a todos mis compañeros de bus lo que supone para mí este momento.

Y es que yo nunca me creí capaz de hacer lo que estaba (y sigo) haciendo, ¡recorrer África sola y por libre! Y llegar por mí misma a mis soñadas Cataratas Victoria, sin tour, sin planes, sin demasiado dinero, sin información ni planificación previa, sin nada de nada. Yo que pensaba que eso estaba reservado a los grandes aventureros, que necesitaba a alguien a mi lado, y también tener ese inglés fluido y perfecto del que carecía… Y llega al día en que despiertas y te das cuenta que ¡lo estás haciendo! Y te sientes orgullosa y más feliz que nunca, porque tu sueño no ha sido cosa de dinero para pagar un tour con guía desde cualquier lugar del mundo, ha sido cosa tan solo tuya y de tus ganas.

Y sientes que las Cataratas están ahí, esperando por ti, y que tú casi casi puedes ya sentirlas de lo cerca que estás. Y también que te mereces ese encuentro. Tú sabes bien, que nada ha sido fácil para llegar a este momento, pero ahí estás tú, al fin, triunfante, decidida, yendo directa y sin rodeos a cumplir uno de tus grandes sueños.

Y te planteas cosas tan absurdas, como:

– “¿Qué ropa me pondré para el gran día?”

Como si las Cataratas fuesen una cita a ciegas, una entrevista de trabajo, una boda, un acontecimiento que requiere tus mejores galas, y a ti, en tu mejor estado.

Llueve. ¡Y la previsión del tiempo de mi móvil da lluvia para los próximos días! No importa, esperaré. Tengo tiempo, en los sueños tan grandes las prisas no tienen cabida y yo, sueño con ver las Cataratas con sol, y quien sabe, ¡quizá la previsión se equivoque! Una es experta en estas cosas, en que le sonría hasta el tiempo donde quiera que vaya.

Dos días después de mi llegada amanece nuevamente gris y lluvioso. ¡Toca tener paciencia! Me ducho y me visto con tranquilidad, parece que nuevamente, no será el día apropiado.

¿Un rayo de sol?

Parece que sol asoma tímidamente, pero el cielo sigue gris plomizo. Me voy a mi habitación a recoger mi comida para hacerme el desayuno, y en el tiempo que estoy dentro… ¡magia! ¡La mitad del cielo está azul! Y las nubes ahora son blancas y preciosas.

¿Y si…?

Pregunto en recepción si hay algún transporte para ir en ese momento o si es ya muy tarde… Me dicen que en un cuarto de hora otra chica va en dirección Zimbabwe y podemos compartir taxi hasta la entrada de Zambia donde yo me quedaría.

¡Ha llegado el día!

Y solo tengo un cuarto de hora para prepararme y que nada de lo importante se me olvide: Dinero, chubasquero, repelente, y como no, ¡mi cámara de fotos! Debo cambiarme de ropa ¿Y qué me pongo yo? ¡Cómo si tuviese mucho para elegir en mi mochila! Pero sé que quiero estar guapa, radiante, y al menos me vestiré con mi mejor sonrisa. Los grandes sueños no se merecen menos que eso. Estoy nerviosa, emocionada, se me va a salir el corazón del pecho. ¿Las novias sentirán algo así el día de su boda?

Llego. Pago mi entrada. A la de 1, a la de 2, a la de 3… ¡Voy a entrar!

Me desbordo. Me desbordan. Sabía que pasaría. Las atisbo desde el primer mirador, con un precioso arco-iris y siento que me ahogo. Inmensidad. No puedo dejar de llorar. La familia que estaba antes que yo haciéndose la foto, me mira con curiosidad, me sonríen, con su gesto afable intuyo que me han entendido. Que he podido transmitir lo que significa ese momento y ese lugar a golpe de lágrimas emocionadas.

Cataratas Victoria desde Zambia

No, no tenía el objetivo sucio, ¡es el vapor de agua!

Mosi oa tunya – El Humo que Truena.

Entiendo ahora más que nunca el nombre que los locales le pusieron mucho antes que Livingstone les cambiase el nombre por el de Cataratas Victoria, en honor a su reina. Las Cataratas rugen, y el vapor de agua lo llena todo y se ve en la distancia. Cataratas Victoria desde Zambia

Sigo el sendero. Yo ya no sé si camino o vuelo, si es real o es otra ensoñación de las mías. Estoy maravillada. Embelesada. Se me van a salir los ojos de las órbitas y el corazón del pecho.

Toca ponerse el chubasquero, llega la zona de la “lluvia”de las Cataratas. Por la época del año, febrero, están a tope de agua y el remojón está asegurado. Llevo mi cámara conmigo y no quiero arriesgarme a que se moje, mi chubasquero no es muy grande, así que alquilo uno de esas horribles capas verdes para proteger mis cosas de esa bendita agua que estoy deseando sentir. Camino a través del puente, me empapo, ¡me siento inmensamente feliz! Intento fijarme en todos los detalles, grabar a fuego el momento en mi mente, porque las fotos, los vídeos, nunca serán lo mismo a vivirlo allí en directo.

Cataratas Victoria desde Zambia

¿Se me nota la cara de felicidad?

Cataratas Victoria desde Zambia

Desde el puente, así de imponentes se ven

Al final del puente estoy totalmente empapada. La capa al menos ha servido para proteger mis cosas, pero poco más. No me importa en absoluto y es más, decido quitarme la capa y “re-bautizarme” con ese agua sagrada, quiero empaparme, literalmente, de Cataratas, de momento, de Sueño Cumplido. Me paro en uno de los miradores, le entrego mi móvil a alguien, y me hace una foto mientras yo abro mis brazos y me empapo de vida. Quisiera quedarme allí todo el día. ¡No quiero que este momento acabe!

Cataratas Victoria desde Zambia

Si la felicidad fuese foto, sería algo así

Me siento inmensa, plena, y extremadamente feliz. No puedo dejar de agradecer a la Vida y al Universo haberme ayudado a llegar al fin a ese lugar.

Y siento que en tan solo un momento, estoy viviendo cien vidas de extrema felicidad.

Pero mi sueño no se acabó aquí, aún me quedaba verlas desde Zimbabwe. Yo no pensaba elegir un solo  lado, yo iba a quedarme con todo…

Era mi sueño, bien lo merecía…

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