¡Pues aquí estoy de nuevo!, después de unos días con la intensidad de la vida nueva, cambiando el siempre-la-misma-historia de la rutina por el cada-día-una-historia-nueva. Y lugar. Y personas. Y sensaciones. Y todo. Todo nuevo. Todo de estreno. Probando por vez primera esto de los viajes sin fecha de vuelta definida, con todo por delante y absolutamente nada de prisas o planes que siempre disminuyen el índice de aventura de lo que no se controla. Porque es nuevo y libre. Exactamente como yo.

Hoy me toca contar, me lo debo, y también os lo debo, porque las fotos y textos subidos a mis redes sociales son solo un 10% de lo vivido, sentido, disfrutado, conocido.

Como bien sabéis aterricé en Cancún hace ya ¡semana y media! O eso dicen los calendarios, por mi parte puedo decir que han pasado 2.000 intensos años. ¡Lo que tiene la vida de lo nuevo cada día!

Fueron once horas de vuelo ¡nada más y nada menos! once horas de vuelo, un mojito compartido, una nueva amiga, muchas risas y unas cuantas reflexiones allá entre nubes y a punto de llegar a “mejor vida” (¡hay que ver lo mal que suena eso!). Allá en Tierra de nadie, entre aquí y allá y hora tras hora de vuelo descubrí algo maravilloso, que tengo en mi la capacidad intrínseca de ser feliz siempre y en cualquier circunstancia, en un vuelo de once horas entre nubes y sintiéndome la mujer más libre de la Tierra, o en la UCI de un hospital escuchando “La Gozadera” y conectándome a este gran sueño que hoy es ya realidad. Qué más da. Y entendí más que nunca que la felicidad va por dentro. Por dentro y con cielo por favor, y sin aburrido gris de las oficinas con olor a aguas que se estancan.

Y allá arriba en aquel vuelo me descubrí sin miedo, con la paz de lo que lleva a buen puerto, y con la tranquilidad de que todo iría bien, porque así lo decreté y así lo sentí. Y lo siento. Y lo sentiré. Porque me lo merezco. Por honrar la vida. ¿Y por qué no?

Mi llegada a Cancún fue mejor que bien, muy buenas sensaciones, muy buena vibra y el chico más genial de la Tierra que me vino a buscar con su descapotable para ofrecerme todo lo que tenía, su preciosa casa, su hospitalidad, su sonrisa y su habitación “de meditar” para que yo durmiese allá, en paz, a gusto, tranquila. ¡Maravilloso esto del Couchsurfing!

Él me llevó a la mañana siguiente a desayunar a un sitio genial con los licuados más deliciosos que he probado jamás, ¡y más baratos! Para comenzar mi primer día viajero con fuerza y ganas ¡aún más de las que tenía! Y como el mundo es un pañuelo y en absoluto es tan grande como nos cuentan, en Cancún quedé con otra chica del lugar de donde soy, ¡de Villaviciosa! Que vive allí hace cuatro años. Y es que los asturianos ¡estamos en todas partes! Ella me mostró un poquito de Cancún y de los lugares más representativos hasta que se tuvo que ir a trabajar por la tarde y luego yo, siguiendo sus consejos, seguí haciendo ruta hasta la noche que quedé con mi anfitrión para cenar en “Las Palapas” (un parquecito con música en directo, puestos para comer en la calle y ambiente más que genial) donde por cierto, me abrasé la lengua por probar todos los picantes del mundo en mi Huarache (sin carne, eso sí), una que es así, ¡que tiene que probar todo!

Un sueño viajero Cancún

¡Mi primer desayuno caribeño de la temporada!

Un sueño Viajero Cancún

Esa noche y antes de llegar a “Las Palapas” descubrí algo que ya sabía, ¡la claustrofia que me dan las ciudades poco iluminadas! Más aún cuando estaba intentando parar un taxi de noche cerrada y ni siquiera veía, ¡y por supuesto ni siquiera me veían! ¿Pero miedo? ¡Ni un poquito de nada! Anécdota viajera eso de ser nuevamente consciente de que las prisas, ¡no son buenas! Y parar un taxi de noche en Cancún fue un asunto para tomárselo con calma.

El día siguiente ya fui a Isla Mujeres, ese trocito de paraíso en forma de isla del que tan buenas referencias había leído.

¿Bonita isla? ¡Preciosa!!! Y lo sería aún más si fuese un poco menos turística, y es que ya se sabe que donde llega el turismo masivo…

Independientemente de esto, la Playa Norte, considerada una de las mejores del mundo, sin duda alguna ¡deslumbra! Y es que pocos mares tan turquesa he visto como en esta parte del mundo. Arena blanca. Palmeras. Hamacas. Y todo eso que solemos ver en las postales de destinos idílicos. Los acantilados de Punta Sur, los trocitos de playas escondidas, compartidos solamente con gaviotas y nadie más, los atardeceres de ensueño en lugares privilegiados. Isla Mujeres tiene mucho que ofrecer y muy bonito. Para mi gusto solo le sobra el turismo masivo y todo lo “creado” para el turista con ganas de fiesta y sin interés alguno por lo autóctono, eso que perseguimos casi todos los viajeros.

Un Sueño Viajero: Isla Mujeres

Un Sueño Viajero Isla Mujeres

Impresionantes rincones “a solas” con las gaviotas!

Igualmente ¿merece la pena? SI. Sin duda. Después de mi experiencia recomiendo pasar un par de días o quizá tres si se va con tiempo para recorrer con calma y sin prisa todos los rincones maravillosos que tiene.

Pero lo mejor y como siempre en todos los lugares ¡las sonrisas viajeras! Y llegaron, llegaron en cantidad, ¡como no! Inolvidable la noche que pasé en casa de Ricardo y Claudia, dos chicos geniales que conocí a través de Couchsurfing, que me invitaron a cenar a su casa y a compartir con ellos momentos y risas en una de las zonas que más me gustaron en Isla Mujeres, lejos del turismo masivo, y cerca de la esencia del mexicano hospitalario que te da todo lo que tiene, precedido, como no, de su sonrisa más cálida. Junto a ellos y a sus amigos artesanos argentinos, pasé una de las mejores noches de mi paso por Isla Mujeres. ¿Mi razón para viajar? ¡Esta misma!

Un Sueño Viajero: Isla Mujeres

Gente linda y… ¡Asturias por el mundo!

Y hablando de sonrisas, como no mencionar al torbellino barcelonés que llegó el sábado a mi habitación del hostel representado por tres viajeros geniales con energía desbordante y muchas ganas de comerse el mundo. Y hubo feeling, mucho, y hubo sonrisas, y hubo conversaciones intensas, y hubo la certeza de que la vida me había puesto delante aparte de amigos de ruta, una “hermanita de alma” con la que estoy segura compartiré mucho y muy bueno en esta etapa de mi vida. ¡Seguiré contando!

Compartí con ellos mis últimos días en Isla Mujeres, y no solo con ellos, también con Leo, otro argentino con muy buena vibra al que Marta (mi hermanita de alma) y una servidora volvimos loco en aquella noche infinita de conversación intensa hasta las tantas donde todos compartimos, aprendimos y donde determinamos que las casualidades no existen. Y es que las sincronías siempre están presentes en esta vida viajera de mentes abiertas y ningún plan más que abrirse a la experiencia. Y a las personas. Y a los lugares.

Así que, y después de todas las sincronías, el 90% de la habitación 4 del Poc-Na seguimos compartiendo días y rutas porque “causalmente” todos teníamos el mismo plan, llegar a Playa del Carmen el lunes. Eso si, cada cual llegó a su hora y en su barco. Yo me fui a la preciosa casa de mi anfitrión, y ellos se fueron en busca de hostel, y cada cual a lo suyo hasta la noche, en la que todos quedamos en encontrarnos en la reunión de Couchsurfing a la que me habían invitado y yo de paso, los invité a ellos. ¡Pasarlo bien aquella noche es decir poco! Buena vibra, risas, gente genial y muchas horas compartiendo cervezas y experiencias con locales y viajeros alojados con esta maravilla llamada Couchsurfing.

¿Resultado? ¡Mis amigos de ruta también consiguieron anfitrión! ¡Y es que la hospitalidad mexicana es inmensa!

El martes seguimos compartiendo trocito de ruta y nos fuimos todos a conocer Akumal, *lugar de tortugas en idioma maya, y es que este es uno de los sitios preferidos por estos animales marinos para desovar. Una playa preciosa y una tarde genial compartiendo, disfrutando y también leyendo mis runas celtas, mis compañeras de viaje y vida que, como no, también me acompañan en este viaje.

Un sueño viajero akumal

En Akumal con el “torbellino barcelonés” y el argentino buena vibra!

Y llegamos hasta hoy, en que yo escribo, y luego seguiré compartiendo ruta con ellos y posiblemente mañana nos vayamos todos a Bacalar. Pero… ¡eso es otra historia!

¡Os lo cuento en mi próximo post!

Continuará…

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