Y llegué a Tulum, el “aventón mental” sin pulgar ni nada me dejó muerta de calor, pero sana y salva en el centro de la ciudad,  y causalmente y con buen tino, muy cerca de la casa de mi anfitrión en Couchsurfing.
Me habían hablado muy bien de Tulum ya mucho antes de salir de viaje y era un sitio que me apetecía “vivir”, tenía curiosidad por saber si lo que me contaban era verdad, si yo también sentiría esa buena vibra de la que todo el mundo me hablaba.

¡Y la sentí!

Tulum es una ciudad no demasiado grande, acogedora, con buena energía, con mucho turismo, pero, al menos en el tiempo que yo estuve allí, un turismo que no agobia, que no aleja al lugar de su esencia. ¡Y eso importa y mucho! Al menos a mí, que huyo despavorida de los destinos que pierden todo lo bueno que un día tuvieron por contentar a los visitantes que buscan lo mismo que en sus países de origen.

No me quedé demasiado tiempo en Tulum, en un dicho y hecho de última hora, de esos que tanto me gustan, decidí ir a Holbox a pasar parte del fin de semana antes de llegar a Valladolid, como tenía pensado. Pero me quedé lo suficiente para enamorarme un poquito de ese trocito del Caribe mexicano.

Y estar a gusto en mi caso, depende sobre todo, de dos factores: La buena vibra que sienta y la gente con la que comparta, y luego por debajo, aunque también importante claro, está la “belleza” del lugar y todo lo que tenga de interés.

Allá me dio tiempo a compartir mucho y muy bueno con mi anfitrión en Couchsurfing, fantásticas e intensas conversaciones, reflexiones, risas, cervezas… ¡No podría haber elegido mejor anfitrión! Carlos fue de esas personas que dejan huella por su generosidad, por su hospitalidad, por su buena vibra… Con él compartí mucho de mi tiempo allá en Tulum, ¡pero también hubo tiempo solo para mí claro! Y uno de esos momentos fue la mañana en que visité las Ruinas de Tulum:

No las más grandes, tampoco las más importantes y seguramente no las más bellas en si, pero si deslumbrantes por su combinación con el azul intenso del Caribe y su ubicación privilegiada. ¡A mi personalmente me apasionaron! Y como extra, el poder bañarse en una de sus playitas mientras contemplas la BELLEZA, así en mayúsculas de las ruinas y su entorno.

Ruinas de Tulum Un sueño viajero

Ruinas de Tulum Un sueño viajero

Hay unos tres kilómetros hasta las ruinas desde el centro de Tulum, para llegar:

  • Puedes ir en bici, muy buena opción.
  • Puedes ir en taxi, mala opción por los abusivos precios incluso para los locales.
  • Puedes ir en colectivo, el problema es que salen pocos y si coges uno a primeras horas, puede ser que no te dejen subir porque tienen preferencia los locales y trabajadores de la zona, con lo que, según me han dicho, si va mucha gente ¡a lo mejor te quedas fuera! Aunque no he podido comprobarlo por mí misma.
  • Puedes ir andando, tampoco es tanta distancia. Eso sí, mejor ir entonces a primerísima hora antes de las horas centrales del día y su calor abrasador.

Yo tuve suerte y me llevó mi anfitrión, y luego para volver, volví a tener suerte ¡y conseguí subirme a un colectivo! Me costó veinte pesos hasta el centro, a lo mejor demasiado en comparación con lo que cobran en otros lugares, pero ¡no se le pueden pedir peras al olmo! En taxi puede ser cuatro veces más.

Por la tarde y después de comer en un restaurante vegetariano del centro: “La Hoja Verde”, mi anfitrión me llevó a un sitio especial, la laguna de Kaan Luum, un pequeño paraíso escondido al que solo suelen ir los locales y algún turista, pero muy pocos en comparación. La Laguna está a unos 12 km de Tulum, y por lo que sé, también llegan colectivos, se encuentra dentro de la reserva de Siaan Ka’an, y para llegar, se atraviesa un manglar donde yo descubrí preciosos pájaros de colores que no había visto jamás.
En medio de la Laguna hay un cenote al que no puedes entrar, está bien señalizado y prohibidísimo, pero si te puedes bañar en la preciosa Laguna y, aunque yo no los llegué a ver, también están los pececitos apañados que te hacen la pedicura gratuita de mil amores y con todo su empeño.

¡Un lugar muy recomendable! Y aviso, ¡cierra a las 17:00 p.m!

Laguna de Kaan Luum (Tulum)

Después de una noche de cervezas y risas, ¡a la mañana siguiente tocaba madrugar para llegar a Holbox! existe un bus de ADO que te lleva al Puerto de Chiquilá, desde donde salen los barcos a la isla, que sale a las 8:10 de la mañana y es la manera más rápida de llegar si vais con prisas como yo, para no tardar demasiado en la Ida.
¡Pero eso, os lo cuento en mi próximo post…! 

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