Y llegó el momento de hacer la maleta, por primera vez sin saber para cuanto tiempo, sin saber qué ropa meter, me iba en invierno, sí, pero… ¿Cuándo volvería?, me volví loca eligiendo qué cosas llevarme, intentando adivinar qué me haría falta, con mil supuestos, porque ese día solo sabía que no sabía nada, ¿Qué día me operarían? ¿Tardaría mucho en entrar a quirófano? ¿Qué pasaría en la operación? ¿Qué pasaría después de la operación? ¿Cómo sería el post-operatorio? ¿Podría moverme? ¿Estaría cuánto tiempo en casa y en qué condiciones? ¿Me raparían el pelo por completo?, ese día fui llenando mi maleta a ciegas, a base de conjeturas, fue sin lugar a dudas la  maleta más complicada de mi vida.

Lo único que sabía era que abandonaba Valencia, que me iba de nuevo como me he ido de tantos lugares, pero esta vez obligada por las circunstancias,  con despedidas rápidas, con la espinita clavada de no haberme podido despedir de toda mi gente querida por falta de tiempo. Ese día tenía dentro una “bola” de sensaciones entremezcladas y dos dominaban, la tristeza de la despedida, y la determinación de afrontar lo que viniese sin ningún tipo de drama.

Este post colgué esa noche:

“Con mi vida casi entera en una maleta, última noche en Valencia hasta… ¡quien sabe que pasará! Quizá decida comenzar mi sueño viajero sin volver a pasar por aquí, o vuelva antes de… ¡Que la vida me sorprenda!
Re-aprender lo que ya sabía y FLUIR…”

fluir 

A la mañana siguiente, antes de coger ese tren, me sentía fuerte, me sentía una guerrera astur a punto de comenzar su gran batalla personal, y tenía la seguridad de saber que la victoria sería mía.

Escribí un post esa mañana en el tren, y puse la frase final que me acompañaría en todo el proceso y me sigue acompañando porque pude demostrar que no había frase más cierta para afrontar los “sucesos” de la vida no tan buenos:

Mismo andén, mismo tren, pero esta vez un viaje diferente…

Me espera un Renacimiento, una renovación, un proceso maravilloso que agradezco por todo el aprendizaje que me está dejando.

El más importante, que la vida es esto, es este instante, este tren, ES HOY. Y del futuro, yo solo sé… ¡que hoy me queda un día menos para empezar a comerme el muuundoooo!!!
Hay una frase que me gusta mucho que dice: “La vida es un 10% lo que pasa y un 90% como te lo tomas” y yo, ¡no puedo estar más de acuerdo!

Toda la vida es ahora

Llegué a Asturias después de las ocho horas de viaje en tren, allí estaba mi padre para recogerme, pero la situación había dado un vuelco, ya no recogía a esa Mariu que venía de vacaciones con ganas de hacer mil cosas y de disfrutar de los días de paz en su Tierra, ahora recogía a una Mariu con un tumor cerebral, una Mariu que en breve sería operada, una Mariu a punto de enfrentarse a su gran batalla personal.

El día siguiente iríamos al neurocirujano, y empezaría por fin a saber un poco más.

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