Durante toda mi estancia en el hospital e incluso antes, cuando la palabra “tumor” cobró vida en mis días, cuando supe que no había más opción que la operación inminente, imaginé el día de mi alta, me conecté a la sanación a través de ese día. Tenía la certeza de que llegaría pronto, y lo visualicé en todo momento con un sol radiante como guiño de la Madre Tierra en mi vuelta la vida, como símbolo de mi Renacimiento, como la gran luz al final de mi túnel, que ya estaba segura, nunca dejaría de acompañarme.

En mis días de hospital, en mis momentos de abismo y desolación, pedía, pedía y pedía con fuerza. Pedía que todo terminase, y pedía un día de sol cuando al fin acabase aquella tortura. Pero llovía, llovía sin descanso, llovía cada día. Febrero  de 2016 fue el mes más lluvioso de aquel año en Asturias, ni un solo día de hospital el clima dio tregua, y en aquellas jornadas interminables, desde mi ventana en planta, entre la lluvia agotadora, no veía más que algún tímido rayito de sol que me daba fuerza  justo cuando mi confianza se aproximaba a la sima de la desesperación.

Pero sucedió. Nuevamente hubo milagro en mi historia. Y esta vez meteorológico:

El día 1 de marzo de 2016, después de un mes entero de lluvia sin tregua, amaneció radiante, amaneció azul, amaneció con un sol espléndido para acompañarme en mi gran día, en mi batalla vencida, en mi día de luz. Fue el único día sin lluvia. El único. El día siguiente volvieron los días grises de lluvia sin tregua.

Cómo no llamar “milagro” a lo que pasó aquel día.

Ventana de hospital el día de mi alta

Esta es mi ventana de la habitación de hospital. Así amaneció el día 01/03/2016. Mi día del “milagro”.

Difícil explicar lo que sentí aquel día, lo que agradecí, lo que amé la vida y a la Madre Tierra por hacerme aquel regalo que ya jamás olvidaré.

Ese día me levanté pronto, muy pronto, le había pedido a mi madre que viniese al hospital junto con mi padre para ayudarme a ducharme, lavarme el pelo, etcétera, puesto que a mí aún me costaba mucho moverme y era incapaz de hacer el más mínimo esfuerzo sin tardar horas en ello. Pero quería intentar hacer todo lo que pudiese por mí misma, así que muy despacito me animé a meterme yo sola en la ducha y sentada en la banqueta me fui lavando como pude, e incluso me atreví a intentar lavarme el pelo a mi manera. Creo que tardé más de una hora, ¡pero lo conseguí! Conseguí ducharme, lavarme el pelo y secarme por mí misma, ¡toda una hazaña aquel día!, pensé que quizá podía hacer un poquito más, así que me lancé a tratar de secarme el pelo, peinarme, vestirme, e incluso después de conseguido todo esto, ¡me pinté las uñas y hasta me maquillé un poquito!, tenía la piel hecha un desastre, los días de hospital, de medicación, de dolor, de no dormir, habían dejado lógica huella, pero aún así quise hacerlo, quise salir del hospital como me sentía, como una vencedora, y no como una vencida. Apenas podía moverme, ni siquiera podía hablar, estaba llena de dolores, heridas, moratones, cicatrices, vendas y gasas, pero me sentía fuerte, fuerte por dentro, mi físico aún no me acompañaba, pero no me importaba demasiado, sabía que sería un largo camino, pero yo lo recorrería con gusto y sin queja. Tenía lo importante, la fuerza de dentro que empuja, la fuerza interior que sana.

Cuando entró el neurocirujano junto con una enfermera para darme las indicaciones, las recetas, la medicación que debía tomar y revisarme por última vez mi cicatriz en la cabeza y extraerme el líquido que nuevamente en aquella noche había acumulado, ¡mi habitación olía a laca de uñas!, fue uno de esos “momentazos” hospitalarios que aún hoy me sacan una sonrisa. Recuerdo que en ese momento al girarse, se fijó en las botas que le pedí a mi madre me llevase para salir del hospital, las tenía apoyadas en la pared, aún no me las había puesto y me preguntó:

“.- ¿Vas a salir con esos taconazos?

Si, había decidido salir con unas botas que me gustaba llevar a trabajar, unas botas con unos 9 centímetros de tacón, ancho, pero tacón. Había decidido salir del hospital siendo “yo”, totalmente “yo”, enteramente “yo”, como símbolo de mi sanación, como símbolo de mi batalla ganada. Mi decisión nada tuvo que ver con la vanidad ni la arrogancia, fue otra cosa, fue más bien una especie de “desafío” personal a mis demonios vencidos en aquellos días de tinieblas. Había ganado yo. Y deseaba salir del hospital como el día que entré. Con la cabeza alta, entera, completa. Aquel era al fin y al cabo, el primer día del resto de mi vida.

Y era mi día de celebración.

Mis últimos momentos de soledad en aquella habitación, antes de que llegasen mis padres fueron muy emotivos. Me quedé observando todo lo que me había acompañado en aquellos días de dolor, captando cada detalle, recordando otros momentos que habían pasado hacía siglos según mi parecer, hacía tan solo días según los calendarios, y me sentía rara, me parecía imposible no volver más a aquel lugar en el que tanto viví y tan intenso.

Me iba, por fin me iba. Volvía a mi casa de Asturias. Empezaba mi recuperación, mi cuesta hacia arriba, mi sanación. Y me sentía extraña. Sentía que en esa habitación dejaba algo importante, algo de mí, algo que ya no volvería. Y quizá fue así, quizá allí dejé esa que fui antes de que la vida me diese la oportunidad de renacer.

Esto escribí y publiqué en la red social en la que compartí toda mi historia momentos antes de que llegase mi familia:

1-03-2016. El día en el que elegí empezar a nacer de nuevo. Curiosamente día 1. Simbólicamente día 1. Maravillosamente día 1… 

En este proceso, en los días sin ver el cielo de la UCI, en los días en planta de más martirio y dolor, yo solo pedía una cosa, un gran sol y un día azul el día que me diesen el alta, algo no muy probable después de unas semanas en Asturias grises, frías y lluviosas, pero… ¡milagro! La Pachamama me regala hoy el día más bonito desde que comenzó mi lucha, día espectacular de sol y cielo azul, como un símbolo de prosperidad en mi renacer, como el regalo de VIDA de la Madre Tierra en mi nuevo Despertar.

Y aquí estoy, disfrutando del sol desde mi ventana y de mis últimas horas en esta habitación en la que morí un día y elegí nacer de nuevo. Mucha intensidad y muchas muchísimas emociones en este momento. Examino despacito la habitación, quiero recordarlo todo de este lugar. Veo mis libros, mi ordenador, mis flores, mis auriculares que en tantas noches de dolor usé, mi música…  Y siento una mezcla de nostalgia, alivio, paz, plenitud. He sentido tanto amor aquí, tanto, tantas emociones…

Ni que decir tiene que con mi facilidad extrema para coger cariño e incorporar a mi vida en medio pestañeo, me voy con la nostalgia también de la despedida la que fue mi “familia” aquí, el equipo de trabajadores formidables que lucharon a mi lado, que me intervinieron, que hicieron suyo mi sufrimiento en muchas ocasiones,  que me cuidaron como angelit@s, que me dieron de comer cuando no podía, que me enjuagaron las lágrimas en los momentos de desesperación, que me calmaron con palabras y también con caricias cuando estaba sola en la UCI y muerta de dolor físico, que me regalaron sus mejores sonrisas, su tacto, su cariño, que me cogieron la mano cuando más lo necesitaba, que me pusieron música incluso en la UCI con su propio móvil cuando las noticias no eran buenas y yo no tenía nada allí, ni nadie, y etcétera, un largo larguísimo etcétera.  Mi eterno agradecimiento y amor hacia ellos, mi equipo de salvadores.

En un rato vendrán mis padres a buscarme y se van a encontrar la sorpresa que he conseguido ducharme, lavarme el pelo, secármelo y vestirme yo sola. ¡Incluso me he conseguido maquillar un poquito y pintarme las uñas de nuevo!
¡Y me pienso ir con taconazos…!
¡Vamos allá!

(01-03-2016) Comienzo de mi renacer, mi nueva vida me espera.

Yo desde mi habitación de hospital poco antes de que me diesen el alta.

Minutos antes de salir por fin del hospital, le pedí a mi madre que me hiciese esta foto. Una de las más especiales de mi vida.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR

¡Únete a mi Tribu!

¿Eres un Soñador/a? ¿Un Viajero/a? ¿Necesitas inspiración para vivir, viajar, soñar, cumplir?

¡Pues únete a mi Tribu! Te llegarán actualizaciones con novedades, información viajera, post inspiradores, pero nada de Spam ¡prometido! (¡lo odio tanto como tú!)

¡Bienvenido/a a la Tribu! Confírmalo en tu email.