Fueron dos buenas noticias.

Fueron dos grandes noticias.

Y fueron aquellas mis sonrisas más enormes de aquellos días de luces y sombras.

Después de quitarme el último drenaje, necesitaban volver a hacerme las pruebas al día siguiente para confirmar que todo estuviese bien y no hiciese falta volver a la pesadilla de nuevos tubos.

Recuerdo lo bien que me sentía aquella mañana cuando el celador vino a buscarme para bajar a hacer la última prueba, tenía el pelo limpio, había dicho adiós a aquel camisón hospitalario que tan poco me gustaba, esta vez llevaba puesto mi pijama bonito, ya no tenía cables, tubos, ni historias colgando como cadenas que me impedían ser “libre” para moverme a mi antojo. Esta vez era la mujer más feliz y sonriente de la Tierra en aquella silla de ruedas por los pasillos del hospital. Por supuesto pude ponerme de pie yo sola y sostenerme por mí misma ¡qué diferencia de la misma prueba hacía tan solo unos días! Y sobre todo sonreía, sonreía mucho, no paraba de sonreír, tenía la certeza de que por fin todo estaba bien, de que mi infierno se había acabado con la extracción del último drenaje.

Y así fue. El Dr. Cofiño acudió a mi habitación horas después para comunicarme la primera gran noticia. ¡Por fin, estaba perfecta! Mis pulmones respiraban, respiraban bien, ya no había neumotórax y ya nunca volvería. He de reconocer que me emocioné, cuando me quedé de nuevo sola en la habitación, cerré los ojos y lloré, lloré largo y tendido, pero esta vez de felicidad, lloré por todo lo intenso que había sido el proceso, por todo lo vivido, por todo lo no llorado en los últimos días, lloré, liberé, solté, descargué.

Horas después llegó la noticia más esperada de todo mi proceso:

Al fin, y después de todo: el ALTA hospitalaria.

La gran Luz, la gran, enorme, inmensa y deseada Luz.

La pesadilla se había terminado.

Por fin iba a salir de aquel hospital donde había pasado miles de siglos desde mi percepción. Donde había muerto y había renacido. Donde me había comenzado a transformar. Donde mi gran sueño cobró vida.

Alta. Por fin.

Estaba emocionada, nerviosa, con una sonrisa perenne y enorme, tenía que avisar a mis padres, a mis amigos, a mi gente. Llamé a mis padres y a continuación publiqué esto en la red social donde compartí toda mi historia:

“Crónica del día en el que por fin salió el sol para quedarse después de la tormenta más intensa, (y más bella).
¡Hoy me declaro la MUJER MÁS FELIZ, PLENA, E INMENSA de la Tierra! Si, queridos amigos, hoy hay grandes, ¡MUY GRANDES noticias!:  Mañana a las 12 de la mañana me dan al fin mi título de manejo experto de alas, ¡he pasado la prueba!  ALTA HOSPITALARIA.
¿Y qué decir sobre este momento?! Bufff… FELICIDAD INMENSA, PLENITUD, AMOR, toneladas de AMOR y PAZ después de la batalla más intensa, más sanadora y más bella que se puede imaginar.  ¡No hay palabras para describir la felicidad tan inmensa e intensa que siento hoy! Hoy es un día de esos en que me faltan palabras y me sobran emociones.
Los calendarios gregorianos, dicen que pasaron 13 noches y 14 días desde aquel día, aquel día de operación  y coma, aquel día sin tiempo ni espacio. Pero yo sé que pasaron muchos más…, muchísimos, pasaron años en mis noches de UCI y décadas en los momentos de más dolor, pasaron siglos desde mi percepción, y  eones en  la intensidad de lo vivido y lo experimentado, de lo amado, en esos días/años/siglos de no siempre alentadoras buenas nuevas.

Y ahora ALTA, ALTA, ¡ALTA! ¡POR FIN!!
Lo hemos conseguido queridos amigos, vosotros, vuestro amor, vuestra energía y yo que nunca quise caer en el drama ¡hemos ganado la batalla!
Estaba escribiendo un post maravilloso sobre mi día de hoy, sobre las cosas que me habían pasado esta mañana con tanta tantísima luz y humor. Pero mañana continuo. Hoy simplemente quiero compartir esto, ¡mi alta en tan solo horas! Y ahora, me quedo con mis emociones que son muchas, mis reflexiones y el sabor de esta batalla ganada.  

Os prometo que nunca nunca imaginé tanta belleza en este proceso.
¡GRACIAS a todos los guerreros de luz que habéis batallado conmigo! ¡Seguiremos batallando por una rápida recuperación! Prometo buenos momentos y aprendizaje compartido.

¡OS/NOS AMO!”

Con mi sonrisa imposible de borrar y mi felicidad suprema, me senté en sofá, respiré y simplemente “estuve”, yo y mi felicidad, yo y mi plenitud.

Esa tarde/noche y después de haber anunciado mi alta vía red social me llegaron muchísimos mensajes, llamadas, aquella habitación se convirtió en una “fiesta” de celebraciones y brindis conmigo aún a distancia ¡qué más daba! Yo estaba feliz y la gente que me quería también.

Esa noche una compañera me envió una canción que ya conocía pero no recordaba, se convirtió casi en un himno para mí durante toda mi recuperación y aún a fecha de hoy lo sigue siendo. Creo que es una de las canciones con una mejor filosofía de vida que pueden existir, una de mis canciones medicina aquel día, hoy y ya siempre, fue esta:

La letra es reveladora, ¡una gran lección de vida!:

Debes brindar amor para después pedir
Hay que perdonar para poder seguir
Recuerda que tenemos sólo un viaje de ida
Y hay que darle gracias siempre a la vida
A la vida, a la vida
Oye
Abre tus ojos
Mira hacia arriba
Disfruta las cosas buenas que tiene la vida
Abre tus ojos
Mira hacia arriba
Disfruta las cosas buenas que tiene la vida
Lalala lalala lala
Lalala lalala lala
Lalala lalala lala
Lalala lalala lala
Cuando estés perdido y no sepas donde vas
Recuerda de dónde vienes y que bien te sentirás
Siempre que llueve escapa
Son consejos de mamá
Que con la bendición de tus ancestros llegarás
Tambor, tambor, tambor, que llama a tambor
Tambor, tambor, tambor de mi madre tierra
Tambor, tambor, tambor, que llama a tambor
Tambor, tambor, tambor de mi madre tierra
Y así, allí, en aquel día feliz, en aquel día de grandes noticias, de mejores sensaciones y de plenitud, empezó otra historia, la historia más bonita de mi vida. La Luz que ya nunca se fue.
Frase Inspiración

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