Después de la visita al neurocirujano de la mañana del día anterior, del caos, de las conjeturas, de las suposiciones, de las conversaciones intensas, de los ánimos y abrazos reales y virtuales de después, comenzaba la semana en la que se ponía a prueba esa sangre astur de la que tanto me enorgullezco. Suponía que cuando quedase poquito tiempo para la operación (como era el caso), estaría nerviosa, quizás preocupada… Pero me sorprendí a mí misma cuando me levanté a la mañana siguiente con más ganas, con más fuerza que nunca, con buen humor, con ganas de comerme el mundo y con mi sueño viajero como siempre como pensamiento fijo e inamovible, como luz al final del túnel e ilusión salvadora en los días en los que presuponía habría caos mental, físico y emocional.

Esa mañana empecé a buscar y encontrar mi “medicina” no química, decidí que si la vida había querido que las cosas fuesen así, yo podía elegir como afrontarlo, y también podía buscar mi propia “medicina” esa de la que los médicos no saben nada, para evitar que el caos o cualquier tipo de pensamiento no positivo se apoderase de mí y de mi mente. Era mi momento, mi momento para “no caer” y estaba decidida a que así fuese.

Me levanté muy positiva, valorando y agradeciendo todo lo que tenía que era mucho, ¡muchísimo!, desayuné como a mi me gusta, en paz y acompañada de un buen libro, y cuando me fui a la ducha, decidí que desde ese día me regalaría cada mañana las duchas más energéticas y placenteras de mi vida, sin prisa por fin, disfrutando del momento, y con la que a partir de ese día empezó a ser mi “música medicina” a todo volumen. Y así fue, esa fue la primera ducha “medicina” de las muchas que siguieron luego, cuando acabé estaba renovada, contenta, animada, cantando y me pasé el resto de mañana con música, buscando las canciones que más me animaban.

Este fue el post que colgué ese medio día:

(10/02/2016)

Después de un día intenso, aunque suene raro, ¡hoy me he levantado con más energía y ganas de comerme el mundo que nunca!! ¿Y por qué? Pues porque mi almohada, que es muy sabia, me ha hecho ver lo afortunada que soy en este momento, y no, no es broma, no son palabras vacías, ¡es la realidad de lo que siento!
1 – Tengo amor y cariño a raudales a mi alrededor, lo siento y lo sé.
2 – ¡Estoy con mi familia en mi paraíso! 
3 – Llueve, ¿y qué? ¡No tengo que salir si no quiero!  ¡Me he deshecho de obligaciones auto-impuestas! ¡Yuhuuu!
4 – (Este punto es básico) NO TRABAJO. Fuera madrugones que matan, comer con prisas, horarios insalubres para nuestra paz y descanso y jornadas maratonianas de sol a sol que nos quitan la alegría de vivir.
5 – Tengo salud de hierro, ¡SI! ¡La tengo! Un inquilino indeseado (y a puntito de ser desahuciado) en mi cabeza no va a hacer que eso cambie.
6 – Y lo más importante, ¡TENGO UN SUEÑO! ¡Y eso es maravilloso y me hace sentir muuuy feliz y llena llenita de ilusión!! Y tengo las suficientes ganas y fuerza para que nada ni nadie me pare en mi objetivo (¡Esto va por el Okupa que tengo ahí arriba! Jajja)
7 – Y por último, y no porque no haya más razones para sonreír ¡que las hay! Si no porque el 7 es uno de mis números mágicos, y me apetece acabar en este punto. Hoy, mañana, pasado, al otro… ¡voy a hacer lo que me de la gana! Disfrutar 100% de cada minuto, reír mucho, poner la música a tope en la ducha, cantar (¡aunque esa sea posiblemente la razón de la lluvia de hoy!), bailar en casa, comer lo que me apetezca, y ¡disfrutar de y con mis cinco sentidos! SI, ¡soy una gran privilegiada! 

Hacedme caso, alejaos del drama, de las discusiones estériles, de los rencores que hacen enfermar, de la gente que no aporte, de los trabajos que no llenen, y… ¡DISFRUTAD de vuestro HOY! ¡Porque la vida es un REGALAZO!!!!! Siempre lo supe, pero os prometo que hoy lo tengo más claro que nunca.

Y ahora… ¡A SONREÍR Y COMERSE EL MUNDO TODOS! (Yo también, ehh?!)

Y esta fue la canción que estaba escuchando en ese momento, ¡súper positiva!

Esa misma noche, uno de mis amigos queridos me hizo un regalo en forma de audio, una canción que hacía tiempo no escuchaba pero que siempre me puso la piel de gallina, esta fue:

Y me puse a recordar, me puse a recordar cuando empecé a bailar bachata con toda mi ilusión, y cuando tuve que dejarlo al sentirme torpe y empezar a detectar que algo en mi pierna no iba bien.

Recuerdo este momento en que la bachata volvió a mí, como un círculo que se cierra, yo detecté que algo no iba bien  por vez primera bailando bachata y a unos días de la operación que me liberaría o todo lo contrario de mi problema motor, esta canción llegaba a mí de nuevo.

Este fue el post que publiqué esa misma noche, después de recibir mi regalo en forma de canción:

10/02/2016

Hoy alguien muy querido, junto con su energía, me ha regalado un audio con esta canción que siempre ha sido tan especial para mí y que hoy tiene tanto significado…
Y me ha llegado, me ha llegado muy dentro, hasta el punto de no poder evitar echarme a llorar de emoción.
En una época en las que bachatas cobraron vida en mis días, yo me di cuenta de que algo no iba bien… Yo bailaba, y mi pierna derecha comenzó en ese momento hace ya casi cuatro años, a perder movilidad y fuerza, empecé poco a poco a perder el movimiento, y empecé a sentir la impotencia que me acompañó en los últimos años por esta razón bachata tras bachata. Yo creía que me había vuelto torpe, me sentía tonta, inútil, impotente. Años después, hace apenas dos semanas descubrí el motivo en forma de tumor. Y el resto, ya es historia… ¡o lo será!
Época bellísima aquella de las bachatas a pesar de todo, grandes recuerdos, grandes momentos.
¡Gracias por compartir!

 

Quizá esta fue la semana en la que re-descubrí la música, esta vez como una de mis mejores aliadas, como mi “medicina”.

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